

Antes de empezar este artículo que puede levantar ampollas, diatribas, dimes y diretes, diré algo que es obvio para quienes me conocen bien: yo soy un agnóstico. Dicho esto paso a escribir lo que yo pienso sobre lo que está sucediendo desde hace un tiempo en España y en Europa.
Chocan los extremos de todas las cosas, tanto si hablamos de política como si hablamos de religión. Los “ismos” nunca han sido buenos. De un tiempo a esta parte los musulmanes se han expandido, de un confín a otro de Europa. “Padecemos” una invasión parecida a la ocurrida en los años 711, cuando reinaban en España los reyes visigodos y fuimos invadidos por los árabes, en una Guerra Santa contra los infieles, auspiciada por Mahoma y sus sucesores. Al Andalus existía, con otro nombre, antes de que aparecieran por estas tierras los seguidores de Mahoma. No me vengan ahora con que quieren recuperar Al Andalus porque es “suya”, según ellos, claro está. Andalucía existe desde los tiempos de Tartessos, y antes que musulmán prefiero al reino de los tartesios. ¿Está claro?
Hecho este prólogo paso a indicar algunas cosas que me han llamado la atención los últimos días, o semanas. A saber la sentencia emitida por El Tribunal de Estrasburgo acerca de la retirada de los crucifijos en algunos lugares de Italia. Inmediatamente, los de ERC, esos radicales catalanistas, independentistas y los de IU, siempre a remolque de todo lo que huela a iglesia, clero, etc. han puesto el grito en el cielo diciendo que esa medida se debe llevar a cabo en España, ¡ya!, sin dilación de tiempo. Vamos que nos falta tiempo para quitar los crucifijos de todos sitios, ¿pero de todos los sitios, señores de IU y ERC? ¿de verdad, de todos los sitios?. Veamos: Cruces hay en los colegios, en los que por cierto, después de 38 años de enseñanza hace tiempo que se quitaron, yo no los he visto y nadie se ha quejado de ello, son pocos los que quedan; se cuenta la anécdota de un director que dijo lo siguiente: “yo quito la cruz, pero ¿me dejáis poner un cuadro en su lugar, de Salvador Dalí?; claro que sí respondieron los que le interpelaron. El director se fue a su casa y trajo un cuadro que colocó en el lugar dónde antes estaba el crucifijo. Nadie pudo decirle nada ante la vista del cuadro. El director puso, colgado de la pared el Cristo Crucificado de Salvador Dalí; cruces hay en los escudos de los blasones de muchas casas; cruces hay en el escudo de España, cruces hay en los cementerios; cruces hay en cuadros bellísimos, cruces hay en los caminos, sobre todo en el Camino de Santiago y, sobre todo, cruz la que tenemos que soportar las estupideces de estos señores. Como digo y saben que lo digo, los que me conocen:¡Ay, que cruz!
Si quitamos la cruz, símbolo inequívoco de una religión, en justa reciprocidad debemos quitar también todos aquellos elementos que sean inequívocos de cualquier otra religión, ya que es sabido que España es un Estado laico. Algo así ha sucedido en Suiza, con los minaretes de las mezquitas. Los suizos, en referéndum, han decidido que no hay más minaretes en Suiza. Bien decidido. Porque la islamización de Europa y por ende, España, está llegando a unos extremos increíbles. Aprovechándose de las democracias imperantes en Europa y del espíritu tolerante de sus gentes estamos siendo invadidos de toda clase de símbolos religiosos islámicos. Veamos unos
cuántos:El hiyab, velo característicos de las mujeres árabes. Deja libre sólo la cara.
El chador, usado cuando salen de casa, cubre todo el cuerpo y puede acompañarse con un pañuelo en la cabeza.
El shayla, velo largo y rectangular, colocado alrededor de la cabeza.
El niqab, prenda que cubre hasta la rodilla y sólo deja libre los ojos. Se combina con otro velo para los ojos.
El burka, oculta completamente el cuerpo, una rejilla de tela en los ojos permite que la mujer vea, pero no ser vista. Las manos se cubren por debajo del burka. Una infamia para la mujer, pero las mujeres “progresistas” de este país no se quejan.

Hay algunos nombres más de velos, pero no es cuestión de hacer aquí una tesis doctoral de algo que no me interesa en absoluto. Mando una foto con algunos dibujos de velos para que los lectores vean la “democracia” que los islamistas quieren traernos a Europa y por añadidura a España. La ministra de Igualdad Bibiana Aido tiene mucho trabajo que hacer acerca de la igualdad de la mujer que tanto pregona.
Sigo. Cuando he viajado por algún país islámico y he querido visitar sus mezquitas, para admirar el arte árabe, he tenido que hacer algo para mí, molesto, descalzarme, quitarme el calzado para poder entrar y verlo. Si las mujeres occidentales visitan estos países, cuanto más extremistas, peores, tienen que colocarse un velo en la cabeza; algo que va en contra de su forma de pensar y ser. Pero ¡Oh!, sorpresa, cuando he querido visitar las iglesias para admirar asimismo el arte que hay en ellas, me he dado cuenta de una cosa. No hay iglesias. Como lo leen. No hay iglesias. Bueno, perdón, si existen iglesias. Las antiguas, las construidas por los católicos antes de este integrismo islámico que nos asola. Recuerdo algunas: La de Tetuán y Tánger en Marruecos, la Basílica de Nuestra Señora de África en Argel, la Catedral de Túnez, y algunas, pocas, más que no
recuerdo ahora. En contraposición, quiero decir que en España, sólo en España, existen unas 600 mezquitas, reconocidas; pero aún están las no reconocidas situadas en garajes, pisos y otros lugares.
¿Por qué no hay iglesias en los estados árabes? La razón es muy sencilla: NO LO PERMITEN. No conceden permiso para la construcción de iglesias dónde los cristianos que visitan y que vivan en esos países puedan celebrar su liturgia, la misa; deben hacerlo siempre en sitios particulares o en iglesias que se caen a pedazos de puro viejas, sin reparación posible, pues el estado no permite esos “edificios”.Aquí hay algo muy raro. Ellos exigen mezquitas en las ciudades europeas y españolas, con minaretes, escuela de árabe, cementerio, etc, etc, pero no permiten iglesias en las suyas. ¿Entienden el principio de reciprocidad que decía en el título de este trabajo?. Do ut des, reza el principio latino: Tú me das, yo te doy. En consecuencia, si tú no me das, yo no te doy. Así de claro. Si quitamos los crucifijos, quitamos los velos. Si no nos dejan hacer iglesias en sus lugares de origen, en sus países, nosotros no debemos dejarles hacer mezquitas en nuestros lugares de nacimiento. Y no quiero llegar al fanatismo de Oriana Fallaci, que decía en su libro, La rabia y el orgullo: Cito textualmente:”A las cigarras de sexo femenino, o sea las feministas de mala memoria, por el contrario, tengo algo que decirles, y aquí está. Fuera la máscara, falsas amazonas. ¿Cómo es que ante las mujeres afganas, ante las criaturas asesinadas, torturadas, humilladas por los cerdos-machistas con la sotana y el turbante, imitáis el silencio de vuestros varoncitos?¿Cómo es que nunca vais a ladrar ante las embajadas de Afganistán o de Arabia Saudí o de cualquier otro país musulmán? Sois y vais a ser siempre gallinas”, (páginas 112-114).
Está claro que la reciprocidad no existe entre las dos religiones, católica y musulmana. Ellos se benefician de nuestras democracias, pero vienen de países dónde impera la dictadura. ¿Cómo es posible que personas que dicen los siguiente,( dicho por Muhammad Atta, el jefe de los asesinos que tiraron las Torres Gemelas de Nueva York): “En mis funerales no quiero seres impuros, es decir, animales y mujeres” y también:” Ni siquiera cerca de mi tumba quiero seres impuros. Sobre todo, los más impuros de todos, las mujeres embarazadas”.De la Rabia y el Orgullo, página 62. Nosotros, las democracias occidentales no pensamos de semejante manera. Es más consideramos a las mujeres como un igual, aunque diferentes; y menos aún, consideramos que las mujeres embarazadas sean impuras; teniendo un ser en sus entrañas, ¿cómo van a ser impuras? En esos momentos las mujeres están más bellas que nunca. Cuántas cosas, todas bellas, se pueden decir acerca de una mujer embarazada. Para que venga un islamista y nos diga que son impuras. ¡Qué barbaridad! Y encima dicen que debemos hacernos musulmanes.
Como no hay reciprocidad sólo me queda añadir que los musulmanes que vengan a nuestras tierras, a Europa, deben adaptarse a nuestras costumbres. No quiero, ni deseo, ni es mi forma de pensar, que abandonen sus costumbres, su religión, su forma de pensar. Pero si es mi deseo, mi querer, mi forma de pensar que no quiero que me obliguen a pensar como ellos, a ser como ellos, a tolerar lo que ellos toleran en su sistema. El nuestro será más o menos decadente, pero es nuestro sistema, no el suyo.
Si hay reciprocidad, habrá tolerancia; si no la hay, no la habrá. Decía Pericles: “El secreto de la felicidad es la libertad; el secreto de la libertad es el coraje”. Así pues, dónde no hay coraje, no hay libertad; dónde no hay libertad, no hay felicidad.
Cándido T. Lorite




















