EL PAPEL DE LA MUJER EN LA SOCIEDAD DE LA ÉPOCA
No
se trata en esta ponencia de hablar sobre el papel de la mujer a lo largo de la
historia, trabajo que sería largo y prolífico. Pero no podemos hablar de la
mujer en la sociedad de 1812 sin saber como era tratada en los siglos
anteriores, aunque sea de una manera somera y parca en palabras. Hay que partir de un modelo familiar, como un
sistema social donde se funden en categorías de edad y sexo los distintos
componentes, teniendo posición más elevada el hombre que la mujer, reafirmada
en : leyes, tradiciones, normas sociales e instituciones.
En
la antigüedad había un dominio paterno; el hombre no aceptaba compartir nada
con su mujer, ni bienes ni hijos; era inferior al hombre y no tenía ningún
poder en la familia. La poligamia estaba extendida pero la mujer tenía que ser
fiel; el amor conyugal era un deber, por tanto, el marido podía repudiar a la
mujer cuando le apeteciera.
En
Grecia, la familia se asentaba sobre la preponderancia del hombre; la mujer
tenía como función procrear, cuidar la casa y hacer las labores. La excepción
se encontraba en Esparta donde la mujer era revestida de características
singulares, participaba en reuniones y tenían prestigio.
En
Roma, existía la obediencia ciega al hombre. Era el pater familias, único dueño
y señor de vidas y haciendas. Sin embargo en la historia del derecho romano, la
mujer consigue un status que el gobierno no le deja ejercer bajo ningún
concepto.
En
la Edad Media
la familia se hallaba determinada por la posesión de la tierra. Quien la tenía,
poseía poder político. Se instala la primogenitura. El primer varón tiene
derecho a todo. No la primera hembra o hija, puesto que no podía defender sus
derechos. Cuando el poder real se impone a los feudales la situación de la
mujer cambia. Si era soltera o viuda podía gobernar sus pertenencias, no así si
era casada.
Cuando
llega el siglo XVIII y con él la industrialización el panorama de la vida
familiar cambia. La nueva organización, el trabajo familiar y el trabajo
privado, hacen que en la jerarquización de la familia el hombre sea el que sale
a trabajar a la fábrica y la mujer se quede en la casa. Aunque aumenta su poder en la familia, queda
subordinada al varón. Surge entonces el amor a los hijos y el amor romántico, a
su pareja. Sin embargo estos amores cambian en el status de lo privado. Los
niños son vistos sólo y únicamente como meros objetos de trabajo. Dos estatus
diferentes en dos ámbitos distintos. La casa y el trabajo.
Rousseau,
en el Contrato Social indica que la mujer queda limitada a la función de madre
y esposa, cuidadora del hogar y la educación de los hijos.
Montesquieu
indica desigualdades entre sexos, indicando que la inferioridad de la mujer
estaba solamente en su falta de educación y en su bajo nivel intelectual, pues
nunca se había procurado lo contrario.
Voltaire
decía que la educación serviría a la mujer para ser más feliz: “La gran y única
preocupación que debemos tener es la de ser felices” y a partir de aquí, la
procreación en igualdad.
Y
llegamos a la
Constitución de Cádiz de 1812. ¿Qué papel desempeñaba la
mujer antes de esa constitución en Cádiz? ¿Quiénes eran las mujeres que
escribían? ¿Tuvieron importancia?
En
la Constitución
promulgada en 1812, el 19 de marzo, tuvieron importancia muchos aspectos de la
vida. Se implanta la soberanía popular, la división de poderes, la libertad de
expresión y la libertad de imprenta. Todos los aspectos de la vida tuvieron su
hueco. Menos la mujer. No obstante la constitución de 1812 constituye el germen
para la participación de las mujeres en la vida pública a través de derechos
como la educación y la libertad de imprenta. Aunque hay una omisión
constitucional de la mujer, aquella no impidió que a través de otras libertades
se perfilara un reconocimiento jurídico de la mujer como ciudadana. Pese a la
indiferencia de la constitución hacia la mujer, el texto constitucional supuso
el punto de partida para la intervención de la mujer en la vida pública y
social.
El
liberalismo en su afán por la universalidad de los derechos y libertades y la
igualdad, colisionó con el inmovilismo en cuestión de género. No facilitó la
incorporación de la mujer ni siquiera a sus derechos básicos pero fomentó su
conciencia ciudadana.
Una
de las mayores contradicciones de la constitución fue que prohibía el acceso de
la mujer al espacio público. Llegaba al extremo de indicar en uno de los
primeros párrafos:”No se permitirá la entrada de las mujeres en ninguna de las galerías
de la sala de sesiones” Quedaban alejadas hasta como espectadoras. El
reglamento de 4 de septiembre de 1813 decía que los ciudadanos tenían
reconocidos todos los derechos constitucionales, los ciudadanos hombres. El
reglamento de 1821, en 29 de junio decía:”Los hombres asistirán sin armas y sin
distinción de clases”. Sólo le faltó poner:”sin armas y sin mujeres”. Y ya eran
los tiempos del Trienio Liberal, a nueve años de la promulgación de la constitución y con la
importancia que habían tenido las mujeres durante la Guerra de la Independencia.
Con
la libertad de imprenta llegan publicaciones dirigidas a las mujeres, porque
mujeres eran las que escribían. Veamos algunas de ellas y la importancia que
tuvieron:
María Rosa Gálvez de Cabrera había cantado las excelencias de la
armada derrotada en Trafalgar y, con ella, la política de Carlos IV y su
favorito Godoy. Fue una exaltación patriótica en contraposición a la inglesa.
Sin embargo, periodistas como Carmen Silva y María Manuela López de Ulloa, traductoras
como María Magdalena Fernández de Córdoba, la marquesa de Astorga, y las
escritoras Frasquita Larrea y Margarita López Morla, desarrollaron una lucha
continuada para expresar sus ideas políticas, sin dejarse avasallar por sus
homólogos masculinos.
Aunque
hubo muchas publicaciones o artículos publicados por mujeres, lo cierto es que
hoy en día conocemos pocas por su nombre real; las nombradas son fiel reflejo
de la lucha de mujer en esa época.
María del Carmen Silva nacida en Lisboa
y muerta, aunque no con seguridad en Londres, se presenta a si misma, como “una
española por elección” en las páginas de El
Robespierre español; éste es un ejemplo muy llamativo de periódico que
irrumpió en la época junto a estas mujeres en el panorama político español durante
la Guerra de la Independencia.
Esta portuguesa se implica de forma directa en la lucha
contra el francés cuando a mediados de 1808 libera a las tropas españolas
comandadas por Carrafa, prisioneras de Junot, pasan a Extremadura y José
Galluzo, primer comandante de Cáceres le concede una pensión de cuatro reales
diarios y licencia para establecer un estanquillo de tabacos- Allí conoce al
médico Fernández Sardinó al que se une y tras la ocupación de Badajoz se
traslada a la Isla
de León, donde comienza a publicar El
Robespierre Español. No sólo se dedicó al periódico sino que en unión de
otras mujeres, nombradas más adelante, tuvo una tertulia de la que hasta la
fecha sólo se ha podido encontrar un folleto titulado Vapulamiento al Robespierre Español, donde entre otros insultos
dirigidos al Robespierre se dice que éste ha estafado a la hacienda pública por
haber sustraído medicinas y refrescos para alimentar a su “supuesta mujer” y
“amenizar la tertulia”, dicho esto relata que con ayuda de ésta sustrajeron
“gallinas en vino y la carne, tocino y
demás perejiles en crudo con el carbón correspondiente, que es otro ítem muy
del caso, para guisar o cocer la susodicha ración”. Desconocemos quiénes
acudían a las reuniones organizadas por la portuguesa, en las que acaso se
tocasen temas que luego se desarrollarían en el periódico. Con el retorno del
absolutismo Fernández Sardinó y su mujer Carmen Silva se desplazan a Inglaterra
y ahí se les pierde la pista a ambos.
María Magdalena Fernández de Córdova y
Ponce de León casó en 1806 con el marqués de Astorga, Vicente Joaquín Osorio
de Moscoso y Guzmán, trabajando ambos para la casa real. Durante la Guerra de la Independencia el
marqués fue nombrado presidente de la Junta
Central de Sevilla a la muerte de Floridablanca y ella era
presidenta de la Hermandad Patriótica
de Señoras de Sevilla. En 1810, marchan a Cádiz. Aquí se empieza a hacer
importante el marqués con una serie de
hechos concretos como la negativa de Vicente Joaquín a firmar la representación
de los grandes contra la abolición de los señoríos, o la existencia en su casa
de reuniones con destacadas personalidades liberales, como Flórez Estrada y
Mejía Lequerica, en las que la marquesa de Astorga jugó, al parecer, un papel
nada desdeñable. Hace, asimismo, una traducción anónima de la obra del abate
Gabriel de Bonnot de Mably “Derechos y deberes del ciudadano” en cuyo prólogo
deja sentir sus ideas favorables al liberalismo, contraria a la Inquisición, favorable
a la libertad de imprenta y a la publicidad de las sesiones. Aunque con la
vuelta de Fernando VII el matrimonio no tiene represalias, cuando llega el
Trienio Liberal se ven obligados a exiliarse a París, destituido de todos sus
cargos. Vuelven a España en 1928 y muere en 1830.
María Manuela López de Ulloa, (¿-?) de
probable origen manchego es sin duda la mujer
que dedicó mayor énfasis a las polémicas surgidas del texto
constitucional, en torno al papel de la mujer; eso sí, sin que nadie le pidiera
su opinión. Quizá por eso los hombres no se lo perdonaron. Llega a Sevilla y a
Cádiz, siguiendo a Blas Ostolaza a quien Mª Manuela dedica los Tiernos afectos,
“como al gran defensor de los derechos de S. M.”. López de Ulloa irrumpió en el
panorama periodístico el 24 de diciembre de 1812, al insertar en el periódico
reaccionario El Procurador General de la Nación y del Rey, nº 85, un
artículo comunicado firmado por M.L. Al año siguiente volvería a publicar en el
mes de febrero pero ya en la etapa madrileña de este periódico y con el
seudónimo de La española en la Corte. Alternó sus
artículos en El Procurador con los que enviaba al Diario Patriótico, otro
periódico igualmente reaccionario. Entre los meses de agosto y octubre de 1813
insertó cinco artículos en los que reflexionó sobre la filosofía que subyacía
al pensamiento liberal, que en su opinión trataba de corromper a la opinión
pública más apegada a las creencias y tradiciones del verdadero patriotismo
católico. En 1814 tampoco se redujo a escribir para El Procurador General de la Nación y del Reytres artículos
más, sino que escribe siete en La Atalaya de la Mancha en Madrid y también
lo hace bajo el seudónimo de La española
en la Corte. Con
motivo del cumpleaños del Infante Don Carlos en 1815 escribe una loa y desde
este momento se pierde la pista de esta singular mujer.
Frasquita Larrea nació en Cádiz y murió
en el Puerto de Santa María; es de las primeras mujeres en servirse de la
tribuna pública para indicar su patriotismo, aunque lo hace bajo el seudónimo
de “Laura”, en una proclama titulada “Saluda una andaluza a los vencedores de los vencedores de Austerlitz”,
firmada en Chiclana el 25 de Julio y compilada en el tomo IV de la Demostración de la
lealtad española: Colección de
proclamas, bandos, órdenes, discursos, estados de ejército, y relaciones de
batallas publicadas por las Juntas de Gobierno, o por algunos particulares en
las actuales circunstancias. Durante los años de la guerra, Frasquita siguió
escribiendo, sin que, al parecer, nada más viera la luz hasta su regreso a
Cádiz en 1814, cuando publicó su Fernando en Zaragoza. Una visión, (Imprenta de
Niel) bajo el nombre de Cymodocea, ninfa virgiliana, un seudónimo que no la
libraría de ser denunciada a la
Junta de Censura por tratar de “subvertir las leyes
fundamentales de la monarquía”. Se entabla una demanda que se queda en suspenso
con la llegada de Fernando VII. Frasquita Larrea se suma a la Sociedad de Señoras de
Fernando VII. Sigue dedicada a la literatura y prueba de ello es su artículo “Querella
calderoniana”, en la que junto a su marido Juan Nicolás Böhl de Fabel combatió
el rechazo del teatro barroco manifestado por José Joaquín de Mora y Alcalá
Galiano. Criticó la postura de ambos acerca del teatro como antipatriotismo
ilustrado y con cierta tendencia republicana en sus escritos. Con el tiempo
Frasquita se dedicó a la carrera de su hija Cecilia conocida como “Fernán
Caballero”.
Margarita López Morla también tuvo su
tertulia en el Cádiz de 1812, asistiendo a la misma un diputado como Alcalá Galiano y admirada por Lord
Byron. Asistían los principales corifeos del partido liberal, nombre que
empezaba a ser considerado dominante en las Cortes. Era una tertulia antagónica
a la de Frasquita Larrea, de un talante conservador, según Margarita y aún la
del obispo Nodal, a la que asistían, lógicamente, los diputados eclesiásticos.
Margarita era partidaria de Fourier, padre del cooperativismo, contrario al
liberalismo y a la familia basada en el matrimonio y en la poligamia. Una mujer
quizá demasiado avanzada para su época o, mejor dicho, para la época que le
tocó vivir.
En definitiva
todas estas mujeres y otras más que no conocemos y que no han pasado a la
historia, lucharon por ellas mismas, por las demás y por conseguir un estado en
el que hubiera igualdad de condiciones para todos. Quede una frase dicha por
una de ellas; cualquiera de ellas la pudo haber dicho: “Sirva de ejemplo
nuestra benéfica y sabia Constitución, formada para proteger y poner a cubierto
de la arbitrariedad y el despotismo al ciudadano, cuya libertad, propiedad y seguridad tanto
favorece. ¿Vemos, pues, que ha contenido los asesinatos, robos, insultos,
estafas, monopolios, dilapidaciones, etc, etc? ¿Se hallan ventajas en la
administración de justicia? Y por último, ¿observamos en los españoles aquel
carácter de beneficencia que la misma
Constitución le impone? Todo lo contrario, pues hallando el facineroso
seguridad de ocultar sus crímenes, lo ejecuta sin temor a la sombra del
artículo 287, que dice lo siguiente:”Ningún español podrá ser preso sin que
proceda información sumaria del hecho, por el que merezca según la ley ser
castigado con pena corporal, y asimismo un mandamiento del juez por escrito,
que se le notificará en el mismo acto de la prisión”. El intrigante, el venal,
el fraudulento afianza los suyos en los
progresos de su malicia y ardides para que, o no sean descubiertos o sean
protegidos. ¿Y qué diré de los vicios que se
deprecian como frívolos, o se celebran como gracias o casos
honoríficos?”.
Estas palabras
dichas en ese momento histórico pueden ser pronunciadas perfectamente en la
época en la que nos movemos actualmente, sin menoscabo de su interés.
Las mujeres
fueron desdeñadas por el hombre en esa constitución que todo el mundo conoce
como la más importante. Quizá lo sea como paradigma, porque fue la primera que
se hizo en España en unos momentos terribles para ella. Pero se olvidó de la
mitad de la nación, de la mujer. Por eso desde esta ponencia no quiero acabar
sin hacer hincapié en algo realmente importante: la mujer. En todas sus
dimensiones, política, social, económica, humana. Algo sin lo que un país no
puede andar porque no sería lo mismo. La mujer es importante, quizá lo más
importante y a la constitución de 1812 se le olvidó. Sólo con el transcurrir
del tiempo, allá por 1931, tuvo su igualdad con el hombre en casi todos los
aspectos. Ese casi desapareció con la constitución de 1978, por suerte para los
hombres: Desde ese instante las mujeres son iguales a los hombres en deberes y
derechos, aunque desiguales en otros aspectos. Pero como diría un francés y,
sin que sirva de precedente: Viva la diferencia.
Muchas gracias por su atención y
espero no haber sido excesivamente pesado en la disertación.
Cándido T.
Lorite