
Era
nuestra segunda visita a Segovia, juntos. La primera, que no aparece reflejada
en este blog pues la hicimos como recreadores de la época napoleónica en el Bicentenario de la toma de la ciudad, allá por 2008. Lo pasamos
bien y, en su momento, haré una crónica de la misma. Ahora la visitábamos para
terminar de conocer una ciudad milenaria. Yo, como de costumbre, ya lo conocía
de anteriores visitas y ardía en deseos de enseñársela a Paqui, mi mujer.
Era
un día caluroso en nuestra tierra Bailén, un 19 de julio, día principal para el
pueblo, pues son sus fiestas. Se celebran con motivo de la victoria del General
Reding sobre el general Dupont, francés, en la que fue la primera derrota de
los ejércitos napoleónicos en tierra abierta. Aprovechamos la fiesta para
visitar Segovia y dedicarle aunque fueran un par de días. Se necesitan más pero
el tiempo es fundamental. Preparé la visita con todo el amor del mundo, para
que mi mujer no se perdiera ningún detalle de la ciudad.


Salimos,
temprano, muy temprano de Bailén. Apenas amanecía cuando ya estábamos en
carretera. El camino era largo, cuatro horas y había que estar temprano en
Segovia, para no perder ni un minuto de tiempo. Llegamos hacia las 10 de la
mañana y en vez de dirigirnos directamente al hotel, emplazado en
la Plaza Mayor, nos dirigimos
hacia las iglesias y monumentos situados en el extrarradio; de esta manera tan
simple, evitábamos el calor del mediodía y el tener que andar subiendo las
cuestas que hay desde
la
Iglesia de
la
Vera-Cruz hasta el Alcázar. Los que conocen Segovia saben a
qué me refiero. Lo primero que nos encontramos fue la iglesia románica del s.
XII, San Lorenzo, situada en
la
Plaza del mismo nombre y cerca del hospital.. Esta iglesia
está construida sobre otra anterior, mozárabe, aunque no hay restos de la
misma. Tiene una nave central y tres ábsides. En su interior alberga un
interesante tríptico renacentista y un
artesonado mudéjar. La misa estaba a punto de terminar y no puede hacer muchas
fotos de su interior. Alguna, sin flash queda hecha. Lo que sí hice, como de
costumbre es de exterior, de su magnífica torre y claustro exterior.


Nos
dirigimos siguiendo la calle Paseo de Santo Domingo de Guzmán o de Sta. María
la Real de Nieva, que es su
nombre actual, hacia el Monasterio de Santa Cruz
la Real, hoy en día, dedicada a
la Universidad de
Segovia. Entramos en ella y pudimos ver
lo que nos dejaron. Nuestra intención era ver la capilla de Santo Domingo de
Guzmán, fundador de
la Orden
de Predicadores (dominicos). En la universidad nos dijeron que la llave para
entrar la teníamos que pedir en el convento de las dominicas, en Segovia,
situado en la calle de S. Nicolás y cerca de
la Torre de Hércules. Allá
fuimos y después nos dirigimos hacia la capilla de Santo Domingo. La fachada es de estilo isabelino con un medio
relieve del santo. En la cueva, propiamente dicha, que está en la segunda
capilla hay una amplia decoración de hojarasca y una pequeña cueva, rupestre,
donde se ha colocado la imagen del santo, en actitud penitencial y otra, de
pie, en actitud amable y leyendo un libro. La desamortización del siglo XIX,
hizo que decayera esta cueva, pero no las dos imágenes descritas. El monasterio
en sí, es del siglo XII-XV, románico en sus inicios y reedificado por los Reyes
Católicos para honrar al santo, Domingo de Guzmán. La portada es gótica de Juan
Guas. Más tarde devolvimos las llaves.



Dirigimos
nuestros pasos, en este caso el coche, hacia la iglesia de
la
Vera Cruz. Todo lo que yo pueda decir de
esta magnífica iglesia está escrito en Internet. Dejo un plano y fotos de la
misma. Una pequeña descripción como que es del siglo XII y que su construcción
se atribuye a
la Orden
del Santo Sepulcro. Tiene una estructura realmente original, de forma dodecagonal,
en torno a un edículo central, con tres ábsides e inspirada en la iglesia del
Santo Sepulcro de Jerusalén. La torre y el cuarto ábside se hicieron
posteriormente Tiene fragmentos de pinturas murales. Conservó durante años un
trozo del Lignum Crucis y actualmente pertenece a
la Orden de Malta. El retablo de
la Resurrección que
estaba en el ábside central es de la escuela castellana, de 1516, con escenas
de Cristo El edículo (templete que sirve de relicario o tabernáculo) tiene una
cúpula califal, igual a la de San Martín, con una mesa de altar de arte
mudéjar. Se utilizaba para que los caballeros velaran armas antes de su
cruzamiento. Desde el Alcázar tiene una vista realmente impresionante. La
puerta principal tiene unas arquivoltas de un trazo muy bello. En definitiva
una magnífica obra románica.
Andando
unos 500 metros nos dirigimos al Convento de Carmelitas Descalzos. Iglesia del
siglo XVI fue fundado por San Juan de la Cruz, y aquí se encuentra enterrado el
santo, o ”mi medio fraile” como le decía Santa Teresa de Jesús. Se conserva el
ciprés plantado por el santo en la ermita donde hacia retiro espiritual. Fue
visitada por Juan Pablo II en uno de sus viajes a España. Tiene una urna
funeraria situada en un mausoleo, en alto, para que se pueda ver bien. Es rica,
pero no suntuosa.

A
unos 100 metros y, en medio de una frondosa arboleda y jardín, se encuentra el
Santuario de Nuestra Señora de Fuencisla, Patrona de la Segovia y su tierra.
Construido entre finales del XVI y principios del XVII, tiene una reja labrada,
donada por el gremio de cardar y apartar
la lana. Tiene, en el lado de la carretera de Arévalo, una puerta de entrada a
Segovia, llamada Puerta de Fuencisla.


Cogimos
de nuevo el coche y al final de la calle de El Parral, nos encontramos con el
Monasterio de Santa María del Parral, perteneciente a la jerónimos. Su
construcción data del siglo XV. Y fue una fundación del rey Enrique IV. Tiene
una estructura de nave con cabecera poligonal. La torre es plateresca, de Juan
Campero. Inspirada en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. Tiene cuatro
claustros, aunque no todos son visitables: El de la Hospedería, el de la
Enfermería, el de la Portería y el principal. Actualmente es la Casa madre de
la Orden Jerónima.
Las
doce del mediodía y la visita a las iglesias situadas en el arrabal, las
afueras, de Segovia, había terminado y de esta manera ya no tendríamos que
bajar a visitarlas con el calor de la tarde segoviana. Un acierto.
Cándido
T. Lorite