Llevamos mucho tiempo
en este país de nuestros pecados haciendo cosas raras. Muy raras. Llevamos
mucho tiempo en este país de nuestros pecados diciendo cosas raras, muy raras.
Todos utilizamos la misma frase: “Es políticamente correcto”. ¿Y cuando no es
políticamente correcto, qué pasa?
Queremos quedar bien con todo el mundo, en
general, y no llegamos a decir las cosas tal y como las queremos decir, por
aquello de “.. que no me llamen homófobo,
que no me digan facha, que no me digan que soy sexista o machista o
racista…”. Hemos llegado a una situación tal que no podemos expresar lo que
sentimos realmente por miedo al qué dirán, a lo que pensarán de nosotros los
demás, incluidos los amigos, los familiares más cercanos y el resto de los
conocidos.
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| Cerebro políticamente correcto |
Si una persona está en contra de la
homosexualidad, por la razón que sea, esa persona la sabrá, ¿por qué no puede
expresarla públicamente? ¿Por miedo a ser tachado de qué? ¿A ser apartado de la
sociedad a la que pertenece?
Si una persona está en contra de una etnia,
¿por qué no puede decirlo? ¿Por miedo a ser tratado de racista?
Si una persona está a favor de algo, o
simplemente piensa que es de justicia o legal que así suceda y la mayoría
piensa que no está bien, ¿por qué no puede emitir su opinión sin que sea
tachado de antisocial?
La retahíla de situaciones podría ser
enormemente larga, pero no quiero seguir, pues ahora me pongo en la situación
contraria, o algo parecido.
Si no se está a favor de un gobierno, ¿por
qué salir a la calle a decir que no te representa? ¿Acaso no fue votado en unas
elecciones libres, democráticas y de voto personal e intransferible? ¿No te
gusta?. Para eso está la oposición parlamentaria. Si no lo hacen bien, ya
tendrás tiempo de decírselo a la cara, en las siguientes elecciones o en una
manifestación, en la que puedes gritar, decir o expresar lo que te venga en
gana, pero sin insultar, molestar o degradar psíquica y físicamente la
persona o personas que no te agraden.
Si no nos gusta una conferencia o un artículo o el conferenciante o la
persona que las hacen, no vayas a la conferencia o escribe un artículo en el
que indiques que no te gusta o no estás de acuerdo con esa persona o
conferenciante. Los universitarios españoles, muchos de ellos, no quiero
generalizar, llegan ya provenientes de la famosa LOGSE y los profesores lo
están notando. Su nivel ha bajado a extremos insospechados de incultura y
educación. Si no les gusta alguien, boicotean la conferencia al grito de
“fascista”, “facha”, cuando el fascista o facha son ellos por no permitir
expresar al conferenciante lo que quiere decir. Luego lo interpelas y le
indicas que no estás de acuerdo con él; pero después de oírlo, no antes.
Hoy todo el mundo se considera capacitado
para difamar a alguien, o algo. Lo dice en la televisión, lo repite unas
cuantas veces y ya está todo hecho. Luego se demuestra que no era verdad, pero
el “vaso que estaba nuevo ya no se puede reparar y dejar igual”. La infamia y
la difamación están a la orden del día en la televisión y en algunos medios de
comunicación. No voy a dar nombres de nadie, pues están mente de todos. Horas y
horas de tertulianos repitiendo lo mismo, de las mismas personas. Cuando
“acaban” con ellas ya no hay remedio. Sucede lo mismo que con las repeticiones
de las jugadas de fútbol. Las repiten una y mil veces y al final terminas
harto, pero no dejamos de verlas. ¿Entienden por qué estoy escribiendo este
artículo?
Ya va siendo hora de que los españoles,
todos, dejemos hacer a la justicia su labor, buena o mala, pero justicia.
Sabemos que es lenta pero llega. A veces nos gusta lo que dice, otras no, según
nos va en ella. Es como el dicho, cada uno cuenta de la feria según le ha ido
en ella. Pues la vida es igual. No podemos hacer que sea siempre como nosotros
queremos; dejemos que siga su rumbo todo el mundo y con el tiempo, habrá un
sitio para cada cosa y una cosa para cada sitio.
Sed buenos conmigo y no me critiquéis mucho
por este artículo, pero tenía ganas de hacerlo y ya llegó el momento. Un saludo
Cándido T. Lorite