Escribir sobre el sentimiento parece
cosa fácil. Lo es, cuando se siente en lo más profundo aquello que se siente y
de lo que se intenta escribir. Escribir sobre la Virgen de Zocueca es algo que
me cuesta, porque mis sentimientos se mezclan con mis creencias y lo que en
momentos determinados siento, no es lo que debería.
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| Virgen de Zocueca |
Nunca me han gustado las vírgenes
“peponas”. María era mujer de un mínimo de 50 años cuando muere su hijo en la
cruz. En aquella época una edad comparable hoy a no menos de 80 años y
traqueteada por todos los sufrimientos del hijo. ¿Acaso su representación es
motivo de su asunción? ¿Tanto, se supone, se transfiguró el rostro de una
mujer? Me cuesta creerlo. Pero cuando veo al pueblo llano, al sencillo hombre
del campo, al oficinista, al trabajador de la obra, a la mujer de casa, a la
que trabaja fuera, a la que da el pecho a su hijo, a tantas y tantas personas
emocionarse con una imagen, pienso si el equivocado no soy yo. Automáticamente
se me quita la idea de la cabeza. Pero sigo pensando que esas emociones que
sienten en lo más profundo de su alma, con esos cuerpos que vibran al compás de
una canción, de una música o de una saeta, me siento identificado con ellos y
casi llego a pensar lo mismo. Casi.
La Virgen de Zocueca la he visto
procesionar y he visto en mi mujer una emoción, un sentir, un “algo” que me ha
llamado la atención. He mirado a esa Virgen de Zocueca con ojos extraños, con
los ojos de alguien que sólo ve un trozo de madera; pero, al mismo tiempo, con
un sentimiento de acompañamiento a la persona que está sintiendo en lo más
profundo de su interior. Y, en algunos momentos, me he emocionado, por contagio
directo; por expresar en ese momento una emoción que sentía el que tenía a mi
lado, mi Paqui. Si ella la quiere, la ama, si siente por ella una devoción sin
límites, ¿porqué no puedo yo acompañarla en ese sentimiento, aunque no lo
sienta con la misma intensidad que ella? A veces lo intento y me sale. Otras
veces lo intento y no hay manera.
¿Será que los sentimientos hacia una
virgen, sea del nombre que sea, se viven en la infancia y perduran en el
tiempo, a pesar de las creencias? A veces, yo lo pienso, pero eso sólo me
sucede cuando el Jueves Santo sale la Expiración de San Bartolomé y me trae
sensaciones y vivencias de mi niñez, infancia y juventud. Pero se pasan en
cuanto sale el paso.
Es por eso que ahora me encuentro
escribiendo sobre sentimientos a una virgen, la de Zocueca, a la que he
acompañado en romería, he visto en procesión, he sentido la emoción de los
demás hacia ella. A veces me ha parecido sentir algo hacia ella pero…
Cándido T. Lorite
