jueves, 10 de diciembre de 2015

¿QUÉ LE PASA A LA ENSEÑANZA?

Me jubilé de la enseñanza hace ya la friolera de ocho años, cumplidos los sesenta y con los años cotizados, y de más, a la Seguridad Social. Lo hice estando en un Instituto de Secundaria, dando clases de Matemáticas a alumnos que merecían la pena y a otros que no tanto. Pero a mí, me gustaba enseñar los conocimientos que tenía. Pensaba estar, al menos, hasta los sesenta y cinco; porque me gustaba, como he dicho, enseñar, la enseñanza: Pero, con los años en vez de maestro me había hecho un oficinista; un señor que continuamente tenía que estar pendiente de papeles y papeleo, de llamar al orden continuamente, de perder más de quince minutos en esperar a que la clase estuviera en silencio para poder dar “clase”, como se decía anteriormente, en otros tiempos.
Pendiente del inspector de zona, aunque confieso a mí nunca me han dado”miedo” esos señores, y más de una vez y de dos, me he enfrentado a ellos, por diversos motivos. La cuestión es que, de vez en cuando al principio y muy a menudo, después, se presentaban en el instituto encargándonos cuestiones y más cuestiones, papeles y más papeles, que hacían que anduviéramos todo el tiempo, o la mayoría de él, con carpetas bajo el brazo, como eficientes oficinistas. Papeles que, decían, les habían ordenado traer a los profesores desde diferentes ámbitos covachuelísticos, para formar  e informar mejor a los profesores de cómo tenían que hacer su enseñanza.
Órdenes que venían, siempre, de “arriba”: el ministro de turno, se las hacía llegar al consejero de comunidad; de aquí al delegado correspondiente y de éste, a los inspectores. Una pirámide que no servía más que para dar la nota y perder el tiempo de una forma inútil, dejando de lado, la enseñanza. Cuánto más tiempo al papeleo, menos tiempo a enseñar. Estaba claro. Mientras esto sucedía y yo estaba con el inspector, los alumnos esperaban, tranquilamente, en clase o en el pasillo a que el profesor, o sea yo, les enseñara las matemáticas necesarias para aprobar o aprender.
Así que un día, cogí el petate, como se suele decir, y me marché a mi casa. Con ganas de seguir enseñando, con ganas de enseñar, con los alumnos preguntándome por qué dejaba la enseñanza, si era joven, si me gustaba, etc, etc. Menos mal que lo dejé. Y lo digo porque apareció el nuevo lenguaje que para mí hubiera sido un suplicio el tener que aprender. Dos, de mis tres mejores amigos, con los que me junto cada vez que puedo y con los que hablo y hablamos de todo, hasta de enseñanza, me han dado a conocer el nuevo lenguaje aparecido con la LOMCE. No me hablan de si les gusta la ley o no les gusta, pues ellos, como yo, lo que saben y quieren, es enseñar. Pero como a mí, les sublevan los inspectores, y sobre todo, el nuevo lenguaje lomciano.
Un lenguaje lleno de palabras, términos y frases estúpidas y memas, sin sentido alguno y que, cuando nos juntamos y me las comunican, me producen un dolor de cabeza increíble, pues aunque trato de descifrar su significado, lo admito, soy incapaz de hacerlo. Me lo han de explicar despacio y con todo y eso, a veces pienso si el estúpido soy yo o los inspectores, o delegados, o consejeros o ministro o técnicos que se lo han inventado. Yendo ahora en sentido inverso a como lo ordenan que lo hagan. Y como ejemplos son amores y no buenas razones, aquí van algunas de las cosas que me dicen mis amigos.
¿Qué son los estándares de aprendizaje evaluables? Respuesta: “Las especificaciones de los criterios de evaluación que permiten definir los resultados del aprendizaje”. Aunque hay que tener mucho cuidado, porque miren lo que dicen de estos: “Su diseño debe contribuir y facilitar el diseño de pruebas estandarizadas y comparables”. Definición de Curriculo: “La regulación de los elementos que determinan los procesos de enseñanza y aprendizaje para cada una de las enseñanzas y etapas educativas”. ¿Qué son las competencias?. Respuesta: “Las capacidades para aplicar de forma objetiva los contenidos”.
Y ahora mis preguntas: ¿Qué es una “forma integrada” que además, “se aplica”? ¿Qué es una “especificación” que “permite definir”? ¿Qué es un “diseño” que contribuye y facilita “un diseño” nada menos que de “pruebas estandarizadas”?.
Esta forma de hablar es una forma de acabar con la enseñanza. Este es el nuevo español dicho por papanatas, que enciman parecen excitarse con estos “palabros” y que no hacen sino intentar romper el subsconsiente de los profesores, maestros o cualquier persona que lea semejantes estupideces, salidas de plumas calenturientas situadas detrás de una mesa. Con lo fácil que es llamar al pan, pan y al vino, vino. Como siempre se ha dicho. Lo importante es que los alumnos aprendan a leer, escribir, redactar, las cuatro reglas, y después, con tranquilidad se les enseña geografía e historia de España, matemáticas, literatura, algo de filosofía y, como estamos en tiempos modernos, a saber utilizar un smarphone, ipod, ipad, iphone, tablet, ordenador de última generación y técnicas de internet que les permita ser libres, pero educados; valientes, pero cautos; respetuosos, educados, etc. Valores que con tanta palabrería, parafernalia y leyes, se están perdiendo si es que no se han perdido ya.
¿Entienden por qué dejé la enseñanza, a pesar de que soy un maestro de los pies a la cabeza? Pues eso mismo.

Cándido T. Lorite