A MI HIJA (2)
Llegó la estación dura, el invierno
La estación de los muertos viejos
Las manos hacen la señal de la cruz

Bajo unas nubes cobrizas y tenebrosas
Que sólo llegan a comprender
Aquellos que tienen las manos duras
Del trabajo largo y la remuneración corta
Y levantan hacia todos lados sus gritos.
Yo soy el que era doble de mi mismo
El que se miraba al espejo viendo doble
La esperanza
El que se ríe mirando al de enfrente
Aquel que se cayó de una estrella
La que estaba mirando a lo lejos
La estrella del infinito lejano
Y que viajó solo durante tantos años.
Una descorazonadora ansia
Una infinita hambre labrada en angustia
¿Cómo hacer para calmarla?
Yo estoy solo para solucionar
El problema que separa a los dos
Al cuerpo y al alma y su distancia
En el inicio de un año desolado
Agonizante en un universo que se rompe.
El aire que desplazan los planetas
Deja una sensación fría en mi alma
Despeinan mi cuerpo de todo el mal
Y me llevan a un abismo sin respuesta
Dejándome sin encontrar aquello que buscaba
Un corazón materno donde dormir
y alguien que me cure con su mano.
El enigma se agrandaba en mi anhelo
Intentando encontrar todo o nada
Buscando solucionar el enigma
Cultivando el cerebro como tierras
De barbecho un año tras otro
Pero la suerte no puedo ser cambiada
Y bebí la muerte en el alba
De la carne en el lúcido día.
Cultivé mi congoja en el erial de mi error
Como si fueran tierras ricas
Y seguí igual que ayer, mañana
Intentando que cambiara mi suerte
Y dejando mi alma en el alba
Bebiendo de la luz polar de la muerte
Y llegando el caos de la vida
Hasta lo más profundo de mi pecho.
Rueda el eco entre los mitos del universo
Se quedarán mis palabras dolorosas
En el vacío de una conciencia sacrificada
Y en el fracaso de una mente dolorida
Quedando desparecido en el espacio
Y quemando como una hoguera temporal
Que se secara en un fuego irreal
Como respirada por miserables plañideras.
El placer se agosta en esta vida
Mientras la música suena a través
De la mirada de la muerte
Como un piano tocado por manos trémulas
Como gusanos que se cambian en mariposas
Y a la vez el viento arrastra flores
Amargas de una primavera que no fue
Y que murió cuando empezaba a nacer.
El espíritu me hace caer en la trampa
Y no diferencio el bien del mal
La realidad del sueño y quedo petrificado
En la desesperación de las tinieblas
Aquellas en las que he vivido y vivo
Como cadenas de gemidos
Que sólo se oyen en mi interior
Cada vez que me introduzco en él.
Me avergüenza el límite de mi alma
Que de noche se burla de mi dolor
Mientras dan vueltas el mar y la Aurora
Viendo como estoy aquí de pie
Esperando la llegada de alguien
Que con cara de idiota me dejará
Cuando me diga lo que no quiero oír
No estoy aunque sabes que estoy.
Entonces me desgarro en mi interior
Dejando inconsciente mi alma
Porque mi corazón ya se rompió
Aullando contra las personas
Contra vosotros que lo consentís
Contra mí porque no soy capaz
De romper las leyes inviables y blasfemas
Que desgarran el corazón de un padre.
Y entonces se me caen las esperanzas
Y grito ante la nada que se me abre
Y grito como un blasfemo contra todo
Contra el perro que ladra al sol
Contra la mujer que permite la injusticia
Contra el astro muerto de repente
Contra los recuerdos y los miedos
Y, sobre todo, contra ella que lo permitió.
Aparece entonces una paloma tranquila
Posándose sobre mis heridas
Tapando las tumbas abiertas en canal
Alejando la muerte del alrededor
Escondiendo el mal realizado sobre él
Curando las heridas y las llagas
Cerrando el ayer y abriendo un mañana
Como una nueva vida.
Cándido
T. Lorite
12-01-2016