¿Por
qué tanto gritar al vacío?
¿Por
qué acudir a la ortiga para ser?
¿Por
qué prolongar la sangre
en la
sangre gris de las máquinas?
Ven
hasta la voz del vacío,
ven
hasta el dulzor de la ortiga,
ven
hasta la razón de las máquinas.
Cuando
se burle de ti
la
dentadura postiza del sarcasmo,
resucitaré
Quijotes en tus adentros.
Cuando
te aguijoneé un enjambre
de
avispas borrachas
te daré
conciencia de hombre sobrio.
Cuando
te pisoteen los zapatones
grandes
de los payasos tristes,
dibujaré
sonrisas de caras blancas
con
narizotas rojas.
Atraviesa
las sombras del dolor y el hastío,
rompe
en mil pedazos los relojes de alacrán
que
miden con veneno la existencia.
Acércate
a mí rompiendo los muros del espanto,
acércate
a mí quebrando la garganta de los cuchillos,
acércate
a mí cortando el largo hilo del infortunio.
La yema
de tus dedos
tendrán
más que amor.
Huirán
los fantasmas que te niegan,
sabrás
que los sueños patrullan delante de la nada
para
llegar a la fe que los condensa.
Las
palabras carcomidas por la desolación del mundo
serán
palabras con derecho a la esperanza.
Es
posible. Ven a mí.
Cándido T. Lorite


