Desgraciado o feliz, el humano
Cuelga sobre su pecho
La colcha de su lecho.
Y narra al que se encuentra
La historia de su vida errante
A todo al que en su casa penetra
Como si fuera un vulgar caminante
A contar la historia se
queda
Y los asistentes cuentan
A todo aquel que oírla pueda
Que vayan, vean y no mientan.
Porque al salir de su casa
Dejó encerrada dentro
Todo aquello que le pasa
Y aquello que no encuentra.
Todos pensaron en luminarias
En sueños que nacían dentro
Cantadas como si fueran arias
Desde fuera hacia adentro.
Así fue como llegó a saber
Que la lengua por él hablada
En el día del amanecer
Murió en tarde nublada.
Llegaron juntos al encuentro
Dejando pasar las horas
Para pensar desde dentro
Lo pasado donde moras.
Les llegó entonces al instante
Por el lado del camino bifurcado
La figura cercana y distante
De un humano humilde y cercano
Cándido T. Lorite
27-01-2017

