https://www.facebook.com/candidotomas.loritegarcia/videos/10215452836305719/
martes, 13 de noviembre de 2018
lunes, 5 de marzo de 2018
VIAJE A PARIS
Volvíamos mi mujer y yo de nuevo a
París. Cuando aquí estuvimos allá por 2011, se nos quedaron algunas cosas por
ver, otras por pasear tranquilamente y las más porque nos encantó la ciudad.
No voy a indicar ahora, otra vez, los
teléfonos más importantes por si sucede alguna cosa. No es el momento, pues el
que quiera verlos se ha de dirigir a la página de mi blog. Tan sencillo como
poner mi nombre en internet, Cándido Lorite y le apareceráe el mismo.
Han pasado 7 años. Hemos visitado muchos
países, ciudades y lugares del mundo. Siempre he salido de casa en mi coche y
he vuelto en él. Esta vez por un problema que tuve la última vez que viajamos
en avión, hacia Bruselas y, los coches no me dejaron pasar al carril
correspondiente para tomar la salida correcta a la terminal 2, (tenían todos
mucha prisa), me tuve que desplazar hasta la terminal 4 y volver sobre mis
pasos. Un desastre. En ese momento decidí que cuando tuviera que coger un avión
en Barajas para ir a otro país o ciudad española, lo haría en taxi y viajando
en AVE desde Córdoba. Los años no pasan en balde y los nervios no sufren.
Llegamos al aeropuerto de Madrid hacia
las 6 de la mañana, pues el vuelo salía a las 7'15 de la mañana. Air Europa
tiene, siempre, la entrada en el lugar más alejado de cualquier aeropuerto, así
que por poco llegamos a tiempo de embarcar. Entre sacar la tarjeta de embarque,
pasar el filtro de seguridad, tremendo últimamente, y llegar a la puerta de
embarque, tardamos casi una hora. Ya digo un poco más y nos tienen que nombrar
por los altavoces del aeropuerto.
Llegamos a Paris en tiempo y hora y nos
dirigimos hacia al hotel Carlton, en Montmartre. Un lugar que queríamos conocer
despacio porque en nuestra primera visita sólo vimos el Sagrado Corazón y poco
más. Hasta las 14 horas no teníamos la
entrada en el hotel, así que decidimos dar un paseo por la zona, comprar
algunas cosas, necesarias en un súper al lado del hotel y tomar nuestra
habitación. Séptimo piso y unas visas al Sagrado Corazón, impresionantes.
Comimos tranquilamente en un bar cerca de Pigalle y descansamos un poco.
Hacia las 4 de la tarde, andando, nos
desplazamos por la zona de Pigalle, (vaya un barrio dejado de la mano del
gobierno parísino), donde abundan los sex shop,
las casas y los teatros de
chicas "picantes" y una caterva de elementos de todas las razas, a
cual más raro. Llegamos a la zona de Blanche, donde se encuentra el Molino
Rojo, famoso en todo el mundo. Aún no había exceso de turistas y pudimos
hacernos una amplitud grande fotos del mismo, desde todos los ángulos. Cuando
se produjo una pelea cercana a la salida del metro, decidimos iniciar nuestro
paseo por el barrio de Montmartre.
Subimos por rue Lepic, una calle muy
conocida por haberse rodado en ella muchos fragmentos de la película Amelie,
como un restaurante, una frutería, etc. La calle es bastante empinada, pero con calma se puede subir bien. Fotografiamos el restaurante y seguimos hacia la parte superior, donde se divide en dos la rue Lepic.
un espacio muy cuidado y bonito. Seguimos hacia arriba y llegamos hasta un monumento que no conocimos ni vimos en la anterior visita, las prisas, en la Plaza de Jean Baptiste Clement, llamado la Commanderie du Clos Montmartre. Dejo constancia del mismo.
En esta misma plaza se encuentra el
Espacio de Dalí, Attelier, un museo interesante pero a un precio prohibitivo,
11 euros. Está abierto de 10 a 18 horas.
Seguimos hacia la Place du Tertre, pero
antes hicimos una parada en Le Consulat, El Consulado. Llamado asó por haber
sido la sede del Consulado de Saboya, cuando er parte de una Italia aún por
unificar. Todo un edificio emblemático de Montmartre.
En la calle de la
izquierda, menos transitada que la la de la derecha se encuentra un mural con
el nombre de cuatro grandes pintores que hicieron o tuvieron vida en esta zona,
a saber:
Picasso, Toulousse-Lautrec y una inscripción que explica el
origen de este bar restaurante en la actualidad.
Seguimos por la rue Norvin hasta
desembocar a la Place du Tertre o Plaza del Teatro o Plaza de los Artistas. De
todas estas maneras es conocida esta plaza, famosa en todo el mundo. Los
pintores, todos ellos poco conocidos, jóvenes, menos jóvenes y ancianos, pintan
a al aire libre o hacen caricaturas o dibujos a toda persona que se lo pida.
Venden, lógicamente sus telas de pintura a precios que pueden parecer
prohibitivos para muchos, pero no para ellos, lógicamente. Si no vas a comprar
nada, mira, fotografía y no preguntes.
La plaza es coqueta, pequeña,
variopinta, diversa, mezcla de todas las culturas del mundo entero. Se hablan
todos los idiomas imaginables y en todos son entendidos los compradores y los
vendedores. Si quieres admirarla tranquilamente en ese ir y venir continuo, siéntate
en uno de los bares y observa. Eso sí, no te quejes del precio de lo que tomas.
Merece la pena hacerlo. Y una satisfacción para los sentidos la observación de
la gente, mirando, hablando, haciendo fotos de todas las maneras imaginables.
Como queriendo llevarse el alma de la plaza en una foto o en un video. Algo
totalmente imposible. Muchas fotos le hice y dije de volver cuando hubiera
menos gente. Lo hice el miércoles 21 por la mañana, cuando aún la plaza está
tranquila, con los artistas llegando a
sus puestos de trabajo. Una delicia.
Dejamos la plaza y nos encontramos de
frente con San Pedro de Montmarte. Demasiada gente dentro, así que decidimos
verla el último día por la mañana, tranquilamente. Bajamos por rue Azais y nos
encontramos con el Parque Nadar.
La entrada al Sagrado Corazón o Sacre Coeur
era un hervidero de gente, tan grande que decidimos dejarlo para el último día.
Así lo hicimos y lo disfrutamos bastante más. Cogimos el funicular y, a pie,
tranquilos y despacio nos dirigimos hacia el hotel. No sin antes pasar por la
iglesia de San Juan de Montmartre, a visitar igualmente el último día. Su
ubicación era perfecta para terminar de ver Montmartre. Bajamos hasta Pigalle y
despacio, pues ya habíamos andado más de 11 km nos dirigimos hacia el hotel.
Eran las 8'30 y nos tomamos una cerveza, tranquilamente en el bar de los
Artistas, al lado del Hotel. La cena la hicimos en el hotel, tranquilamente,
viendo la televisión en 24 horas o en la 1. Era la única que podíamos
sintonizar.
El día había sido bastante provechoso y
estábamos muy cansados. Ducha y cama. Hasta mañana. Íbamos a Versalles.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


