domingo, 18 de enero de 2015

LEYENDAS DE JAÉN. 12

El Enigma de la Mesa de Salomón
Diagrama de la Mesa del Rey Salomón
            Un objeto mítico y mágico, procedente del Templo de Jerusalén y propiedad de un rey judío mundialmente conocido por su sabiduría. Dicho objeto encierra una de las claves de la Creación: El Shem Shemaforash o nombre secreto de Dios. Quién lo posea tendría un poder absoluto sobre el mundo. Ese objeto maravilloso, la Mesa de Salomón, según algunas versiones, estaría escondido en Jaén. Algunos la buscaron en el solar de la imponente catedral giennense, donde se supone que estuvo “La cava” o cueva que la albergó.
            Otros han pensado que el Palacio Perdido de Hércules estuvo en el Barrio de La Magdalena, el mismo palacio que una vez atrajo la invasión musulmana a la península y, en cuyo interior, se guardó la Mesa y el Espejo de Salomón. No falta quien piensa que el lagarto de la Magdalena, célebre Dragón de grandes dimensiones, no tenía otra misión que la de custodiar los tesoros del Templo de Jerusalén sustraídos por el emperador romano Tito y traídos hasta ciudad. Entre ellos, la Mesa de Salomón.
Cándido T. Lorite


sábado, 17 de enero de 2015

LEYENDAS DE JAÉN. 11

El lagarto de La Magdalena
            Hace muchos, muchísimos años, tantos que el recuerdo no alcanza a numerarlos, Jaén era una ciudad de importancia, grande en comercio y negocios, hermosa en arquitectura y trazado, generosa en gentes y abundante en aguas.
            Vivían en estas tierras generosas, gentes del norte de la península, también los había que procedían de más allá de los mares, e incluso se rumoreaba que algunas familias procedían de los confines de la tierra.
            El manantial de agua más abundante era el de La magdalena, con un caño grueso como un toro grande, que no cesaba nunca de regalar sus aguas a los habitantes de la ciudad, además de otros muchos, pero de menos importancia.
            Podría decirse que Jaén era tierra feliz, si no fuera porque en ese gran manantial, al que nosotros los jaeneros, gustamos más de llamar Raudal, habitaba una bestia inmunda, grande como una montaña, fiera como un demonio, fea como una maldición y hambrienta como rebaño de leones.
            Aquella bestia horrible, a la que los habitantes de la gran ciudad llamaban lagarto, pues no era otra cosa que eso, un lagarto de grandes  y enormes proporciones, se dedicaba a merendarse todos los atardeceres a alguna de las hermosas pastiras, que con la tranquilidad de su labor, se acercaban a llenar los cántaros de agua al manantial del lagarto.
           
El Lagarto de la Magdalena
Al principio, dicen las gentes que comía un muchacho o muchacha cada mucho tiempo, quizá porque fuera pequeña la bestia. Conforme crecía el Lagarto, agrandó tanto su estómago que precisó en su merienda una doncella diaria. No contento con esto, aprovechaba el amanecer para desayunarse a algún caballero trashumante o trasnochado, que regresara a su casa tras gozar de la compañía de doncella ligera, o a algún hortelano adormilado que se acercara al raudal a saborear un poco de la deliciosa agua, antes de encaminarse a la faena diaria en su huerta.
            Todos los niños de la ilustre villa decían haberlo visto, pero no era cierto el cuento, ya que aquel que la divisaba, pasaba a engrosar la lista de kilos de aquella fiera de la Magdalena. La situación era insostenible. Decidieron las buenas gentes de la ciudad no acercarse a la guarida de aquel Lagarto tan enorme y hambriento.
            Más valía, a pesar de las dificultades que ello conllevaba, buscar el agua en otros pilares de menor abundancia, conservando así la vida alejadas de aquella voraz criatura. Pasado un tiempo, se oían las tripas del lagarto rugir, ya que éste tenía un apetito atroz. Nadie se acercaba a su guarida. Cuando el hambre apretó al lagarto, comenzó a salir la fiera de la cueva y a recorrer las calles del honrado barrio de la Magdalena, en busca de alimento humano para no fenecer y aliviar los dolores de su escandaloso estómago.
            Fueron muchos los días en que nadie pudo salir de sus casas. El Lagarto estaba pendiente de comerse al primero que se atreviese a salir a la calle, que él ya consideraba de su dominio. Los labradores no labraban, las aguadoras no aguaban, los curanderos no curaban y los pregoneros no pregonaban. Nadie podía salir para ejercer su oficio Aquello no podía continuar así.
           
Iglesia de la Magdalena
Llegó un día en que un valiente preso se ofreció a matar al Lagarto a cambio de su libertad. Vio el Concejo de la Ciudad que era buena la proposición del reo, por lo que pronto lo llamó a su presencia. Les explicó el presidiario el plan que había ideado y  lo que a cambio pedía, aceptando los gobernantes de esta ciudad darle la libertad si llevaba a buen término semejante hazaña.
            Solicitó el preso el pellejo de un cordero recién muerto, para que bien huela a carne de animal aún vivo, pólvora a convenir, un gran saco de panes calientes para hacer un rastro apetitoso a tan sibarita bestia y un caballo veloz. Una vez le fue entregado todo lo solicitado, se preparó el preso para ejecutar su peligroso proyecto.        Un amanecer, mientras el lagarto dormía, llegó al trote hasta su guarida. Siguiendo el plan previsto, tras despertar a la bestia inmunda, dejó un rastro de pan caliente que el lagarto siguió hasta la Plaza de San Ildefonso. Una vez  llegó allí, vio el lagarto la piel del cordero, que previamente había llenado del material explosivo. Encendió el preso la mecha y enseguida, de un solo bocado, tragó el lagarto el cordero, que en llegándole a su incansable estómago le abrasó las entrañas y explotó, pegando el horrible animal un reventón como jamás se hubiera escuchado en la ciudad.
            Hay quien dice que al lagarto lo mató un valiente caballero. Otros cuentan que fue un pastor al que la terrible bestia se comía sus ovejas. Dícese también que reventó la bestia tras atiborrarse de panes calientes. Nos hablan también de yesca y no de pólvora, e incluso hay quien dice que murió la bestia a manos de un caballero vestido de espejos.
            Sea como fuere, lo cierto es que cuando reventó tres días de fiesta se dieron en todas las plazas. Vino y alegría repartieron las gentes por todas las calles, Las pastiras volvieron a coger agua en el manantial, los labradores volvieron a labrar, los curanderos a curar y los pregoneros a pregonar y, cada vez que alguien hizo mal, desde entonces y, hasta hoy, dícesele fuertemente:”Así revientes como el Lagarto de la Malena”, porque nunca hubo reventón tan grande y tan fuerte en el mundo entero ni en sus confines.
            Se trata del mito del Dragón, localizado en Jaén con gran arraigo entres su población y que, según algunos eruditos, dicho mito llegaría hasta la ciudad de manos de comerciantes fenicios, sirios, o muy posiblemente, de judíos que llegaron a la península todavía bajo dominación romana.
            Esta leyenda está incluida entre los 10 Tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial de España y figura entre las propuestas para su Declaración futura como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por parte de la UNESCO, junto a manifestaciones culturales tales como los Carnavales de Cádiz o las Fallas de Valencia, entre otras.

Cándido  T. Lorite

LEYENDAS DE JAÉN. 10

La Casa de los rincones y
La leyenda de los Ibn Shaprut
            La familia de los Ibn Shaprut, descendientes del mismísimo profeta Moisés, según la tradición de la época, es la familia giennense de la que provenía el célebre cortesano judío Hasday ibn Shaprut, natural de Jaén y que alcanzó las más altas dignidades en la corte de los califas Abderramán III y Alhakam II.
            El saber de este judío giennense fue tan enorme que no han sido pocas las leyendas que han circulado a su alrededor. La primera, ya mencionada, fue la tradición de que su familia procedía de una de las familias aristocráticas judías más famosas, nada menos que de los profetas de la biblia.
            Por otra parte, la llegada hasta la corte califal de Córdoba de este joven giennense, siempre tuvo una leyenda cercana que achacaba su buena posición a la casual del gran califa Abderramán III a la ciudad de Jaén, cuando iba camino de Córdoba, y fue mordido por una víbora venenosa. Una leyenda y otra están directamente relacionadas, con ésta que nos cuenta el terrorífico pánico que el califa tenía a lasa víboras y a morir picado por una de ellas.
            Según esta leyenda el califa encontró en Jaén a Isaac ibn Shaprut, un célebre médico judío local, que fue capaz de medicinarle contrarrestando el mortal efecto de la picadura de la serpiente venenosa y, quedó tan agradecido, que se lo llevó a su palacio como médico personal. Sin embargo, es cierto que oficialmente no existe constancia del paso de Isaac ibn Shaprut por la corte ni de su oficio de médico.
            Sea como fuere, el hijo de Isaac, Hasday ibn Shaprut, sí que llegó a la corte del Califa y fue tanta su sabiduría, durante los cuarenta años que prevalecería en ella, que llegó a correrse la oz de que había descubierto la panacea universal.
            Otra leyenda relacionada con esta familia la encontramos en Jaén, en la Plaza de La Magdalena, donde según una antigua tradición se ubicó la casa donde vivieron los miembros de esta ilustre familia y linaje. Se trata de una casa que tiene actualmente en su fachada una Estrella de David, que muchos no dudan en atribuir al origen judaico de la familia que allí vivió. No obstante, esto es antigua tradición.
          
Actual Casa de los Rincones e Ibn Shaprut
  La casa actual, más reciente indudablemente que las que pudieran existir desde la etapa medieval hasta ahora, se halla en el lugar donde antaño se ubicó la conocida como “Casa de los Rincones” o “Casa de las almenas”, donde la tradición ubica un interesante episodio en el que el dueño de la casa da cobijo al Rey Pedro I, sin saber que era el rey, pues venía de incógnito a Jaén en un momento difícil, pues su vida corría peligro en la ciudad por las guerras que mantenía con su hermanastro.
            El dueño de la casa descubrió que era el Rey de Castilla porque a este le crujían las canillas (los huesos de los tobillos) y entonces, decidió vigilar toda la noche, en un rincón junto a a la alcoba donde dormía el rey, con una tizona (espada) en la mano. Al despertar y descubrirlo de esta guisa, el rey y su acompañante pensaron que era un traidor pero, pronto descubrieron que, en realidad, el hombre estaba vigilando la seguridad de su monarca y, por eso, le ofreció darlo que le pidiera en agradecimiento.
            El hombre le pidió agua y almenas, que era entonces signo de distinción social, y así se llamó la casa como “Casa de las Almenas”. Además el rey le dio el apellido “Rincón”, por haberlo vigilado desde un rincón, y también por eso se ha concedido a la casa como la “casa de los Rincones”. Otra tradición, leyenda sobre leyenda, nos dice que la “familia Rincón”, de origen de Jaén, descienden de la familia de los ibn Shaprut, que se convirtieron al cristianismo y fueron los que recibieron ese apellido del mismísimo rey de Castilla, Pedro I el Cruel.
Cándido T. Lorite


miércoles, 14 de enero de 2015

LEYENDAS DE JAÉN. 9

Fuente de Los Caños

Iglesia de S. Juan
Dejamos la Plazoleta del Vinagre y llegamos hasta la Plaza de los Caños. Una fuente del siglo XVI, junto a las Antiguas Carnicerías. En ellas hubo, no hace mucho tiempo una Escuela Nacional, dirigida por D. Eduardo Tobaruela, y en la que el que esto escribe hizo sus prácticas de maestro. Igualmente en esa plaza jugó de pequeño hasta los 11 años. Muchos recuerdos, emocionales, me trae a la memoria esta plaza. Recuerdos de infancia y de juegos de niñez, junto a mi amigo Manuel.
Seguimos por la calle Cuesta de S. Pedro, aparece ante nosotros la iglesia de S. Juan, la más antigua de la ciudad, del siglo XIV, con su torre especial, porque desde ella se daban los toques de campana para avisar a las gentes del campo cuando sucedía algo extraordinario. Asimismo se daban los toques para el cierre de las puertas de la ciudad. Toda una institución en jaén.
Y llegamos a la plaza del Pato. Aquí nos encontramos con tres leyendas:
La del Peñón de los Uribe
La de la Fuente del Pato
Y la del Priorato de San Benito
Por orden van puestas y sus respectivas fotos. ¡Ah!. Al final hay una sorpresa.
LEYENDA DEL PEÑON DE URIBE:
Había en la calle de Los Uribes esquina con Santo Domingo Bajo, una gran piedra irregular, con unas raras inscripciones, donde los vecinos se sentaban a hablar en los días soleados de invierno y tardes de verano, cuando la temperatura es agradable. Estuvo esta piedra ahí hasta mediados los años 70, en que alguien la quitó, sin saberse el porqué hasta el momento.
Mi madre que trabajó en el cercano Hospicio de Mujeres, hoy Museo y Baños Árabes, nos contó a los hijos la siguiente leyenda:
Un hijo llevaba a cuestas, echado en las espaldas propias a su padre, cansado lo sentó en el Peñón de Uribe para descansar un poco, pero el padre se puso a llorar y el hijo le preguntó:
-¿Por qué lloras, padre? Y éste le respondió.
- Es que recuerdo, cuando pasaba yo por aquí e hice lo mismo con tu padre.
El hijo, emocionado, dio media vuelta, después de abrazar a su padre, y se marchó con él de vuelta a su casa.
Se dice que este lugar era, en el neolítico, el lugar de los sacrificios a la madre tierra de Jaén. En la Edad media se exhibían aquí los ajusticiados para escarmiento público.
LA FUENTE DEL PATO
Fuente del Pato
La fuente en sí es una oca, con cabeza de serpiente, que está siendo mordida por una serpiente, con cabeza de oca. Está bebiendo el agua que mana de la boca del pato. Nos presenta esta fuente tres principios femeninos: La oca, la serpiente y el agua. Esta fuente estaba situada en otro lugar; habría que preguntarse el por qué fue trasladada a este lugar simbólico, de sacrificio.
El Priorato de San Benito.Frente al Palacio de Villardompardo se encuentra el Callejón de San Benito, Al fondo tuvo su sede hasta 1837 el Priorato de dicha Orden, (LS, 1924) donde muchos nobles se investían como caballeros de la Orden de Calatrava. Después, y ya como monjes herreros (freires), desfilaban hasta la plaza montados sobre sus briosos corceles enjaezados, ondeando al viento sus blancas capas, en las que mostraban bordura con roja cruz flordelisada (A). Otros, como Fray Benito Rades, recibieron allí sepultura. De Internet (Orden Militar de Calatrava) obtuve la siguiente reseña: Fue fundada en 1158, reinando Don Sancho III, por el abad cisterciense de Fitero fray Raimundo Serra (San Raimundo) y su compañero de orden Diego Velázquez, para ocupar la ciudad de Calatrava y defender el territorio del ataque de los musulmanes, tras la renuncia de la Orden del Temple a hacer esas funciones.
Hoy en día, las ánimas de aquellos monjes muestran su indignación por el olvido en que han quedado sumidos; de hecho, si en la víspera de San Benito (20 de marzo) alguien se detiene a contemplar el callejón desde la cercana fuente, pasadas, eso sí, las doce de la noche, podría ver el esqueleto de un freire con su espada y con su escudo, vestido con raída túnica y capa hecha jirones, montado sobre el esqueleto de un caballo que galopa sobre el viento con trote amplio y lento. (A)
Nos despedimos de la plaza con el recuerdo de un árbol centenario que tuvo que ser cortado por su base, al desgajarse por el viento en abril de 2008, lo que nos trae a colación la leyenda del por qué de ese viento tan particular que sopla en esta ciudad:
Plaza de María de Marllac

EL VIENTO DE JAÉN
Árbol centenario
¿Quién no ha escuchado alguna vez, boquiabierto y con los ojos desmesuradamente abiertos, alguno de los episodios en que el viento ha hecho de las suyas en esta ciudad? Es muy célebre la noche en que éste mostró su más furioso empuje de aire; fue la del 24 de diciembre de 1821. Y la del 15 de octubre de 1957.
Dicha noche, el viento dobló y casi rompió cuatro fortísimos barrones de hierro que cierran por el interior las puertas de la Catedral (LS 1918), abriendo estas y penetrando violentamente en el interior del templo, donde cirios, imágenes y hojas de los árboles revoloteaban entremezclados.
Un señor mayor me contó en el mercado de Peñamefecit (04/2007) la leyenda del por qué de esos vientos tan fuertes: Resulta que hace cientos de años, Jaén sufría una epidemia de cólera que se cobraba cada vez más víctimas, mientras que Jabalcuz permanecía con una nube cenicienta sobre su cumbre, que lejos de dar agua con qué alejar la epidemia, favorecía la propagación de la misma. El pueblo entero sacó a Ntro. Padre Jesús a la calle en rogativa, pidiendo que el viento se llevara esa maligna nube. ¡Sopla!, ¡Sopla!, pedían.
Al día siguiente, una suave brisa acariciaba la ciudad y el monte, y esa brisa empezó a crecer y a crecer tornándose huracanada y llevándose la nube del Cerro. El cólera desapareció y la población sanó, pero el aire se quedó para siempre en Jaén.
Cándido T. Lorite
Nota: Fotos, Fuente del Cisne. Árbol centenario derribado, Fuente de los Caños, S. Juan y Plaza de María Luisa de Marillac (antigua), antes de trasladar la fuente.

lunes, 12 de enero de 2015

LEYENDAS DE JAÉN. 8

Seguimos la ruta. A continuación no adentramos en el Barrio de San Bartolomé. Aquí encontramos una leyenda muy interesante:
La Casa del Miedo. Jaén
La Casa del Miedo
En uno de los muchos y hermosos rincones de la ciudad de Jaén, concretamente en la Plaza de San Bartolomé y enfrente de la Parroquia de ese barrio del mismo nombre, se alza el edificio popularmente conocido “Casa del Miedo”.
En esta recoleta Plaza de San Bartolomé, donde los naranjos, el agua y la preciosa iglesia nos trasladan, hasta tiempos más antiguos y evocadores, transcurre una curiosa leyenda, en la que un aterrador fantasma recorría todas las noches sus losas de piedra, en dirección a la mencionada “Casa del Miedo”.
Cuando las sombras de la noche alcanzaban aquel rincón del Jaén antiguo, los vecinos temían asomarse a las ventanas, no fuera a divisarlas la fantasmagórica presencia y a realizar en ellos cualquier encantamiento que los desgraciara para toda la vida. Era más seguro cerrar postigos y puertas. Nadie tenía la valentía suficiente para salir a la calle, en busca de aquella alma en pena que tenía aterrorizados a todo el barrio. Los vecinos de la ya mencionada plaza la llamaban ya la “casa del Miedo”, y eran sorprendidos constantemente por los rumores, cada vez más rebuscados, del fantasmal visitante.
Ellos aseguraban no haber oído jamás el más mínimo quejío, ruido o llamada, que les incitara a pensar que un ser del más allá estuviera paseando por las habitaciones del inmueble. De hecho la puerta de la casa, según comentaban, se abría sola en cuanto llegaba el fantasma. Apenas se acercaba al portón de entrada, a la misma hora todos los días, éste se abría sigiloso, dejando pasar a la misteriosa sombra. Nadie le abría, pero él entraba.
Conforme pasó el tiempo, una larga lista de sucesos en torno al fantasma comenzó a ocupar las charlas de aquellos jaeneros. Todos sabemos cómo para sobrellevar el fuerte calor nocturno del verano, se pasaban largas horas sentados en las puertas de sus humildes casas, esperando que la luz del candil se apagara, por falta de aceite, para ir presurosos a la cama, cerrar las puertas, no fueran a encontrarse con la tan llevada y traída figura.
Pasó el tiempo hasta que un hombre valiente, quizá alguno de los habitantes de la plaza o de la siniestra vivienda, harto ya de tanto comentario y miedo en torno al fantasmal personaje, decidió hacer guardia una noche fría y tenebrosa, en una de las esquinas de la plaza, dispuesto a todo, incluso a enfrentarse con aquella criatura.
Después de una larga y nerviosa espera sin que sucediera nada, escuchó de repente el leve rechinar de las bisagras del portón de la casa. Al fijarse vio salir del edificio a un extraño ser vestido de blanco, como si llevara una sábana puesta por encima. Valeroso, se acercó al fantasma con un arma en la mano. En el momento en que se encontraron, el valiente giennense amenazó a la siniestra figura, viéndose de repente sorprendido con que el fantasma rápidamente, se levantó la sábana, dejando al descubierto a un elegante caballero, de carne y hueso.
Quedó también claro el motivo de esta farsa. No era ningún fantasma el que paseaba por aquella plaza provocando el terror en las vecinas, que cerraban ventanas y puertas asustadas. Era el amante de una dama que habitaba en la “Casa del Miedo”, que con esta simple pero inteligente estratagema, recibía cada noche, en su propio lecho, al amante prohibido. A pesar del descubrimiento de la farsa, la leyenda siguió circulando en los comentarios de los vecinos.
Años después, habitaría la “Casa del Miedo” una nueva familia, que contaba con un niño de corta edad, al que atendía una eficiente criada. Un día la niñera, paseando al bebé en sus brazos tropezó. Cayó el niño al vacío, estrellándose contra el suelo de la calle. La muerte le llegó en el acto.
Nuevos relatos arrasaron de nuevo el barrio de San Bartolomé. Los vecinos estaban convencidos de que aquella casa era el domicilio de infernales espectros.
Posteriormente la “Casa del Miedo” albergó la sede del Catastro de Rústicas. Afirman que muchos de los trabajadores que allí prestaron sus servicios fueron testigos de numerosos y extraños sucesos. Papeleras que se movían solas, sillas que cambiaban de lugar y papeles que desaparecían, bastan como ejemplo de lo que allí ocurría.
Estas nuevas hazañas de los espíritus ocasionaron una profunda desconfianza hacia el encantado edificio, al que muchos evitaron acercarse durante largo tiempo. Hoy la “Casa del Miedo” es un bloque de viviendas. Parece que todo permanece tranquilo y que sus fantasmales presencias la han abandonado. No obstante, todavía hay quien cree que la actual quietud no es sino el presagio de nuevos y terroríficos sucesos que el tiempo nos contará.
Cándido T. Lorite

domingo, 11 de enero de 2015

LEYENDAS DE JAÉN. 7

Nuestro Padre Jesús Nazareno
            Es la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, actualmente ubicado en su primitivo Camarín, una de las más veneradas de la ciudad, sino la que más. Larguísimas son las filas de miles de nazarenos, que en la madrugada del Viernes Santo, siguen a Jesús, en el camino hacia el Calvario.
            Hermosas estampas de la Semana Santa andaluza y giennense son las de esta procesión, que tiene como uno de los más bellos momentos la salida de Jesús, instante en que todas las luces de la calle carrera de Jesús y casa adyacentes quedan en completa oscuridad, para que una luz ilumine sólo y exclusivamente su hermosa cara, la del El Abuelo iluminada en una de las estampas mas esplendorosas de su largo itinerario.
         
   Es la única imagen de la ciudad que cuenta con la dignidad de Hijo Predilecto, y cuelga de sus manos una gran llave, copia de que daba acceso a un hospital, en el que entrando la imagen de Ntro. Padre Jesús, se cortó milagrosamente un gran brote de peste que asolaba la ciudad en el siglo XVII.
            Si bien de esta imagen se desconoce su autor, creen los expertos en la materia que es obra del escultor Sebastián de Solís, por las similitudes que tiene la cabeza de Jesús con la del calvario de San Juan, además de la coincidencia de fechas, ya que la talla de El Abuelo es de finales del siglo XVI o principios del S.XVII, fecha que coincide con la época de Sebastián de Solís.
            Nos cuenta sin embargo una leyenda, que podemos colocar entre las más conocidas de la ciudad, que hace muchos, muchos años, un hombre anciano, cansado de un largo viaje, derrengados lo pies de tanto caminar, se acercó hasta una blanca casería, cercana a esta ciudad, conocida como Casería de Jesús, y encontró en la puerta de la misma a un labrador, al que pidió asilo para descansar esa noche del largo viaje que estaba realizando.
            Lo acogió generoso el labrador, que ofreció al anciano viajero todo aquello que a su alcance tenía. El caminante al acercarse a la entrada de la casería, fijó su vista en un leño de grandes dimensiones. Comentó al hombre de la casería que él. Con ese madero, sería capaz de hacer una hermosa talla de Jesús en un solo día. Solo necesitaba para realizar la escultura una habitación solitaria de la casa y que le dejaran trabajar tranquilamente.

            El labrador, ilusionado por la idea, rápidamente le ofreció el tronco para que hiciera con él lo que decía. Le agradó al buen hombre la posibilidad de convertir en talla un madero que no lera de utilidad. Le aseguró además, que de ser cierto lo que decía, sabría agradecer el trabajo. Dispuso entonces el labrador que se trasladase el enorme tronco a una cámara pequeña y angosta de la casería, donde con el leño quedó encerrado el anciano viajero.
            Allí pasó el abuelo toda la noche. Ni un solo ruido perturbó la tranquilidad de los campos cubiertos por la oscuridad. Pasó también toda la mañana siguiente, in que el más mínimo sonido procedente de aquella habitación saliera. Preocupados el labrador y su familia  por el tiempo pasado sin acusar ruido alguno, y temerosos de que algo le hubiese ocurrido al anciano viajero, decidieron subir a averiguar la causa del sospechoso silencio.
        
Autor: Félix Díaz Cruz
    Subieron sigilosos, comprobando de nuevo que realmente no se oía absolutamente nada, pues no querían interrumpir el trabajo del anciano escultor. Se decidieron por fin a abrir la puerta de la pequeña habitación y sobrecogidos por el asombro y el temor, descubrieron que en el lugar donde esperaban encontrar al anciano escultor viajero y el tronco que iba a tallar, sólo se hallaba la escultura más hermosa que jamás habían visto, de talla completa y lleno de latigazos. Era el primer milagro de Nuestro padre Jesús nazareno, conocido como El Abuelo, en honor del anciano viajero escultor.

            Cándido T. Lorite.

miércoles, 7 de enero de 2015

LEYENDAS DE JAÉN. 6

El Santo Rostro de Jaén


            Cuentan los evangelios apócrifos, que caminando Jesús de Galilea hacia el Monte Calvario, se acercó hasta él una mujer para limpiarle el sudor y la sangre de su faz, quedando estampado en el sudario utilizado el rostro del Nazareno. El sudario estaba doblado, razón por la que quedaron estampados tres rostros. Uno de ellos, según la tradición, es el que está guardado bajo siete llaves en la Capilla mayor de la Santa Iglesia Catedral de Jaén.
            Cierta es la popular creencia de que son siete llaves, e incluso más, si se comienza a contar desde la puerta de la verja de la Catedral, la de entrada al templo, la que da acceso a la Capilla mayor, la que abre la caja fuerte que alberga la Santa Faz, hasta llegar a la urna que guarda la valiosa reliquia.
            Entrando de nuevo en el mágico mundo de la leyenda, encontramos una de origen muy remoto, que nos relata la razón por la cual el Santo Rostro de Cristo llega desde Roma hasta la ciudad de Jaén.
           

Una versión sitúa el momento de tan fantástica historia en la época en que fue obispo de Jaén, San Eufrasio, uno de los siete varones apostólicos y evangelizador de la provincia. En otra, sin embargo, se nos traslada al tiempo en que fue obispo de Jaén D. Nicolás de Viedma. Dicen que estando cenando el obispo de Jaén, escuchó un gran alboroto, unido a escandalosas risas y comentarios jocosos de unos insanos diablillos, que guardaba encerrados en un jarrón de boca estrecha y base ancha, de esos que llaman redoma.
            No pudiendo concentrarse en lo que estaba haciendo el obispo, ya que agitaban sus alas y reían con gran estrépito, se acercó sigiloso hasta el jaleoso jarrón si nque le vieran. Una vez encontró el sitio apropiado, escuchó con interés para averiguar la razón de semejante jolgorio.
           
Los pequeños demonios estaban relatando, entre risas ensordecedoras, los grandes pecados de su Santidad el Papa. En los abismos infernales, según noticias que habían recibido, estaban esperando el momento de su muerte para celebrar una gran fiesta. Relataban satisfechos los pecados del Pontífice, con ansiedad de que llegara el instante en que éste bajara hasta las infernales llamas, que parecía ser inminente.         Quedó asombrado y boquiabierto el obispo por lo que escuchó. Preocupado por el casi inmediato y horrible destino de Su Santidad, comenzó  a pensar de qué manera o modo podía avisar al Santo Pontífice antes de su fallecimiento, consiguiendo quizá su arrepentimiento y robando a los infernales lugares el dominio de un alma papal.
            Por más que pensó el resultado era estéril. Sólo viajando a Roma podría hablar con el Pontífice y conseguir de él un arrepentimiento. Pero ¿cómo llegaría hasta la Ciudad Eterna? Eran muchos los días necesarios para llegar al Vaticano y para ese momento el Papa ya habría fallecido.
            Una genial idea le vino a la mente. Si convencía a uno de los diablillos para que lo llevaran volando hasta la ciudad de Roma, podría llegar a tiempo de prevenir al Papa de su fatal destino, consiguiendo salvar su alma antes de que le sobreviniera la muerte. Con paso firme y decidido, se acercó al lugar donde los diablillos celebraban la infernal noticia. Callaron rápidamente al ver que el obispo entraba en la estancia y con los ojos muy abiertos, escucharon la necesidad que el prelado tenía de viajar a Roma, para tratar asuntos urgentes con Su Santidad.

            Los diablillos se miraron, asombrados de la petición del obispo. Rápidamente uno de ellos, se mostró dispuesto a llevarle volando sobre su lomo hasta el Vaticano, pero quería saber que recibiría a cambio de ese gran favor. El obispo mostró su disposición a  darle aquello que le pidiera. Poco tuvo que pensar el diablillo, que enseguida realizó su petición. Parece ser que el obispo disfrutaba todas las noches de unos suculentos y opíparos banquetes, razón por la que el diablillo pidió a cambio del viaje hasta Roma, las sobras de las cenas del prelado durante el resto de su vida.
            Aceptó el obispo la condición impuesta por el jocoso diablillo, al que le brillaban los ojos de satisfacción por el trato conseguido. Al momento, liberó de su estrecha prisión a la infernal criatura y montó el obispo sobre su lomo. Rápidamente llegó hasta el Palacio del Papa, donde enseguida le concedieron una entrevista personal con él. El Santo Pontífice, impresionado por la visita del Obispo de Jaén, escuchó con atención lo que éste fue a relatarle. Al momento se dio cuenta de que la suma de sus pecados se había convertido en una condena infernal. Mientras, el prelado giennense lanzaba bendiciones y agua bendita por aquella estancia intentando purificarla.
            Se escucharon ruidos y lamentos ensordecedores, unido a un intenso olor a azufre, hasta que el Papa, al arrepentirse de los males cometidos, consiguió salvar su alma. Tan agradecido quedó al obispo que le había salvado del infierno, que le entregó el Santo Rostro de Cristo en señal de gratitud.
            Solucionado el problema, volvió feliz el prelado a montar sobre el diablillo, con el Santo Rostro apretado entre sus brazos. Regresó de nuevo surcando los aires hacia la ciudad de Jaén, donde quedó guardado para siempre tan preciado sudario.
            El diablillo, satisfecho con el trato que había realizado con el obispo, esperaba con ruido en las tripas el grandioso festín de esa noche. Sin embargo, nos cuenta la leyenda que, a partir de ese momento el prelado decidió que sus cenas estuvieran compuestas de un único plato, para así evitar la gula y el pecado de dar de comer a un diablillo. Desde entonces y hasta su muerte, cada anochecer, saboreaba un cuenco de nueces exquisitas, dándole al diablillo ansioso y hambriento las sobras de su cena, que no fueron más que las cáscaras del apetitoso fruto.
Cándido T. Lorite


LEYENDAS DE JAÉN. 5

Nos encontramos en el interior de la Santa Iglesia Catedral de Jaén. Hay varias leyendas aquí y comienzo por poner cuatro de ellas, pequeñas, pero bonitas. Aunque también se pueden considerar, además de leyendas, curiosidades.

La Virgen de la Antigua
Se encuentra en la capilla Mayor una Virgen galactotrofusa (de la leche) que, según la tradición, fue dejada por Fernando III en la antigua mezquita una vez cristianizada, pues al parecer, este rey entraba a las ciudades conquistadas portando una talla de la Virgen sobre la grupa de su caballo, haciéndolo en Jaén con esta Virgen, que iba sobre unas andas ricamente adornadas y en hombros de sacerdotes revestidos; pero a decir verdad, la hermosa talla que se venera en esta capilla es de estilo gótico y no románico, como hubiese correspondido en 1246; además, la envergadura de la misma es tal, que difícilmente hubiese podido ir a la grupa sin romperse. Se presume cierto que es la más antigua de Jaén; quizás le venga de ahí su nombre.
La Cruz de Jaspe.
Tres cosas tiene Jaén que no las tiene Sevilla: Santo Rostro, Cruz de Jaspe y Virgen de la Capilla.  Esta copla expresa el orgullo de Jaén por estas reliquias. La Cruz de Jaspe se trataba de una cruz procesional de la Catedral, de orfebrería gótica, a la que más tarde se le añadió una cruz de cristal de roca hallado en el Ejido y que, según cuentan, cayó del cielo tras una tormenta. Fue venerada por muchos peregrinos procedentes de toda la provincia. Desapareció en 1936.
El niño de la catedral
Un señor mayor me contó que, allá por 1950, un niño se subió a una estructura de la Catedral para ver salir a Nuestro Padre Jesús, resbaló y cayó al suelo, lo que le produjo la muerte. ¿Tendrá esto algo que ver con el resumen que hago del siguiente relato?
Alguien decidió quedarse a dormir en la Catedral para poder contemplarla al amanecer sin nadie que le estorbase, pero de repente, se cruzó en sus sueños la imagen de un niño. Despierta sobresaltado y mira a su alrededor: no hay nada. Parecía tan real... Instantes después escucha un llanto que parece provenir del coro. Vuelve a mirar. Tose y el llanto cesa. Espera un poco, coge una vela de la capilla y se acerca al coro. Allí no hay nadie; se sienta en un banco; apaga la vela y espera. Pasaron las horas, eran cerca de las cuatro cuando volvió a escuchar el llanto, primero más lejano, luego muy cerca de él. Al cabo de un rato decide hablar. ¡Quién anda ahí! En ese momento cesa el llanto y nota una ráfaga de aire frío por la espalda. No se atreve a moverse. Ahora la nota por todo el cuerpo. Se gira y ve la silueta de un niño, como una áurea blanca, dirigiéndose hacia la Sacristía. Al acercarse a la puerta desapareció. Los primeros rayos del sol entraban por las vidrieras. Ahora no podía contemplar la catedral, no se quitaba al niño de la cabeza. Espera a que se abran las puertas. Lo hacen temprano. Busca al capellán y le pregunta si alguien ha visto alguna vez un fantasma. Le cuenta que hay rumores de gente que afirma haber visto a un niño corriendo por las naves de la catedral, pero concluye diciendo que son habladurías.” Se trata de un niño de 10 a 12 años que se ve correteando por la Catedral, con unos pantalones cortos, con tirantes y en cualquier época del año. El niño ha sido visto por trabajadores en las obras de reparación, o por el propio sacristán, que al ir a cerrar las puertas y ver al niño corriendo, fue tras él para hacerlo salir y, al doblar el crucero, se encontró con que había desaparecido. Esta entidad tiene cierta atracción por la Virgen de las Angustias. En tal sentido, cuando se ha ido tras de él en Semana Santa, han visto cómo se mete bajo el trono de esta Virgen y, al levantar los faldones, el niño no estaba.
La Virgen de Belén
Antes de salir de la catedral por la puerta izquierda de su fachada principal (que es la derecha desde el interior), se encuentra el relieve de la Virgen que iba desde Belén hacia Egipto montada en la borriquita (Pedro Roldán, 1675) A esta Virgen le han preguntado por el futuro muchos jiennenses. Para ello, puestos delante del alto relieve (a la altura de la pila del agua bendita, más o menos) se le reza esta oración (así me la contaron y así la cuento):
Virgencita de Belén / Entre palmas y olivos te quisiera ver / Con tu hijo y tu esposo San José / Y las siete gotas de leche / Que le diste en la huida hasta Belén. / Esta pregunta que te hago / Me la has de responder
Entonces, se hace la pregunta. Si se nota como un giro o movimiento, te está diciendo que sí a la pregunta. Si no notas nada, dice no.

Cándido T. Lorite



domingo, 4 de enero de 2015

LEYENDAS DE JAÉN. 4

El Palacio de los Vélez
            Existe en la ciudad de Jaén un interesante edificio del siglo XVII, que cuenta con una hermosa fachada, decorada con escudos nobiliarios y con un recoleto jardín, que es conocido como el Palacio de los Vélez, en la actualidad sede del colegio Oficial de Arquitectos de Jaén. Se encuentra este palacio junto a la calle Valparaíso, conocido popularmente como el Callejón de la Mona.
            Nos cuenta una leyenda, que habitaba en este palacio una muy ilustre y adinerada familia de Jaén. Se dice que esta familia vivía entre grandes lujos, con una profusa decoración en todo el palacio, repleto de maderas preciosas, mármoles de excelente calidad, hermosas porcelanas y un largo etcétera de detalles que demostraban el elevado poder económico de linaje que en él residía.
          

  Tenía esta familia una hermosa hija, de bellísimos ojos claros, pelo rubio platino, blanca piel y contorno perfecto. Reunía las mejores virtudes que pudiera ostentar una doncella casadera de la aristocracia del momento, pues era bondadosa, prudente, comedida y cándida, además de caritativa en extremo con los más necesitados. Esta hermosa dama, acostumbraba a tratar a todo el mundo como a iguales, sin darle importancia a su clase social, portaba en su cotidiano vivir la sencillez propia de una santa.
            Hablaba con modestia, a pesar de su elevada posición, con doncellas, labriegos o pedigüeños, a los que nunca negaba una limosna y a los que gustaba ayudar en lo que podía, sin negarse jamás a escuchar sus numerosos problemas. Esta actitud hizo que conociera de primera mano las grandes necesidades de las clases más humildes del Jaén de aquellos tiempos.
            El padre de tan hermosa joven presumía de ella en los foros políticos o económicos en los que solía participar. Ostentaba de su hija aún m´s que de las inmensas riquezas que en tan gran número tenía. La madre hacía gala de las virtudes de la hija ante todas las damas aristocráticas de la ciudad, mostrándola, cuando paseaban juntas, como el valioso de los tesoros que había en su casa.
            Todos los más ricos y apuestos galanes de la ciudad, la observaban intensamente cuando paseaba con su madre por la Plaza de Santa María, quizá para asistir a misa en la Catedral, o simplemente dando un paseo por cualquiera de las calles o plazuelas cercanas a su palacio. Muchos fueron los pretendientes de la aristocracia giennense que aspiraron a obtener su mano. Incluso se cuenta, que numerosos fueron los nobles de otras ciudades que pretendieron casamiento con tan hermosa joven.
            Un día, la hermosa dama, con su habitual sencillez, entro en una extensa conversación con un plebeyo, posiblemente un subordinado de la casa. Quizá fue un jardinero o un labriego, lo cierto es que era un hombre joven de clase humilde. La inocente muchacha entabló sin darse cuenta una gran amistad con él, encontrando en el humilde joven una serie de de grandes virtudes, que no había conocido antes en la mayoría de los nobles aristocráticos con que habitualmente se relacionaba.
            La chispa del amor hizo mella en el corazón de ambos jóvenes. La hermosa aristócrata y el humilde plebeyo, como en otras muchas y antiguas historias de amor, quedaron prendados de tal modo el uno del otro, que no pudieron evitar el comienzo de un hermoso romance. Unidos por el más secreto de los amores, disfrutaron durante un tiempo el uno del otro, hasta que llegó el momento fatídico para ambos.
            Un día el orgulloso padre de la joven dama, descubrió esta relación amorosa, que para él era verdaderamente una humillación y una vergüenza, razón por la que de inmediato pensó en aplicar una drástica solución. La más grande desgracia se abatió sobre la pareja enamorada. El padre decidió encerrar a su hija en la alcoba más alta de una torre que en aquel entonces tenía en palacio de los Vélez, pero no pensó en un encierro temporal o llevadero, sino en emparedarla, levantando un muro en la puerta de la alcoba y dejándola absolutamente incomunicada con el exterior. Se dice que tapió, incluso, la ventana, dejando un orificio pequeño por el que apenas entraba el aire a la habitación.
            No se arrepintió la joven de su amor por el plebeyo, quedando pues marcado su destino.  Fue emparedada por su enfurecido padre, en la alcoba de la mencionada torre. Desde entonces, dicen que olvidaron a su hija, como si hubiera muerto, dejándola encerrada e incomunicada, para que nadie supiera de la grave afrenta que, según sus padres, había hecho la joven dama a su noble casa.
            Nos cuenta esta leyenda que el joven enamorado, transido de dolor, acudía todas los días al pie de la torre donde estaba encerrada la joven, y que ella, a través del pequeño orificio que tenía en la pared de su prisión, lanzaba a la calle mensajes de amor al plebeyo, escrito en las hojas de un libro de oraciones, único bien que sus padres le dejaron en tan penoso confinamiento. Para escribir en sus páginas, con una astilla de madera se pinchaba un dedo, utilizando la sangre propia, a falta de tinta.
            Nadie supo más de esta historia, pues el joven plebeyo murió de amor. Cuentan que posiblemente murió encerrada y olvidada de todos, en aquella oscura y triste torre. Sólo le quedó la ilusión de escribir mensajes al plebeyo que había ocupado su corazón de forma tan intensa. Siguió escribiendo hasta que acabó con las hojas del libro.
                        Aún hoy, hay quien dice, que el fantasma de una hermosa joven rubia y de ojos claros, pasea su tristeza por las salas del palacio de los Vélez, quizá deseando encontrar al plebeyo enamorado, al que nunca quiso olvidar a pesar de los siglos transcurridos.
            Cándido T. Lorite

            

sábado, 3 de enero de 2015

LEYENDAS DE JAÉN.3

La mona de la Catedral
            Vamos a intentar conocer un poco más  en profundidad la simbología de la famosísima mona o figura que existe en la parte trasera de nuestra Santa Iglesia Catedral. Una pequeña escultura, conocida popularmente como mono o Mona de la Catedral, ha arrinconado siempre el nombre oficial de la estrecha callejuela donde estuvo ubicado el Bar el Sanatorio, que se llama Valparaíso, para ser denominada popular y prácticamente por todos los giennenses como Callejón de la Mona. Muchos ciudadanos de Jaén no saben que el Callejón de la Mona se llama en realidad de Valparaíso.
            La espalda de la Catedral de Jaén es una sobria fachada que cuenta con una hermosa cenefa gótica. Son los restos que nos quedan de la anterior, la que fuera catedral gótica de Jaén, que se demolió en su mayor parte para construcción de la actual. El popular Obispo Insepulto, D. Alonso Suárez de la Fuente del Sauce fue uno de los personajes y precursores de aquella antigua iglesia gótica.
     Esa hermosa cenefa de la que hablamos, está formada por brazadas de hojas de acanto ceñidas con cinturones, también tiene esculpido un esplendoroso follaje de granado con sus respectivos frutos, además de esferas, pirámides, clavos, conchas de vieira, flores de lis, racimos de uva, bellotas y un largo etcétera de detalles, incluso animales.
 También se han conservado, ajenas a los avatares del tiempo y permaneciendo a la vista de propios y extraños, las misteriosas gárgolas con su expresión atemorizadora, con cuerpos cubiertos de escamas, afiladas garras y terribles fauces.

    Pero es dónde la cenefa gótica llega a su fin, justo donde comienzan los bajos del sagrario, donde encontramos a la más enigmática y popular figura de cuantas rodean los cuatro costados del enorme templo, hablamos lógicamente de la Mona de la Catedral.
     Les aconsejo que una mañana cualquiera, de aquellas en que la lluvia no arrecia, a que con un prismático en mano, se acerquen a descubrir que esta famosa Mona no es sino la figura de un hombre sentado, concretamente de un moro. 
 Tiene este hombre musulmán unas facciones rudas, la nariz partida, un gran mentón, grandes orejas y larga cabellera. Esta la figura sentada a modo oriental, con las piernas abiertas y las plantas de los pies tocándose. Lo descubriremos echado hacia delante y con los brazos cogiéndose los tobillos. Cuenta además con un turbante en su cabeza, que anuncia desde lejos su condición de musulmán.
     Esta representación de un moro tan horrible, posiblemente sea una burla a la religión musulmana, considerada desde antaño como religión falsa. Puede representar la superioridad del cristianismo, expresando una idea de triunfalismo de una religión sobre otra. Precisamente donde hoy se encuentra la Catedral, y lógicamente esta figura, es donde antaño se ubicó una de las Mezquitas del Jaén Musulmán, que sería demolida para la construcción del nuevo templo, mona incluida.
     Por las razones que sean, quizá por ancestrales recelos a todo aquello que sonara a religión pagana, ya fuera islam o judaismo, fue costumbre entre los niños y niñas de Jaén el tirar piedras a la pobre mona catedralicia.
 No pasaba por aquellos lares chiquillo o chiquilla que se privara del gustazo de apedrear a tan grotesco macaco. Posiblemente y en parte como consecuencia del sometimiento a esta constante burla de la chiquillería jiennense, es por lo que hoy en día aparece tan deteriorado y con la nariz partida, además del lógico transcurrir de los siglos.
     Durante largo tiempo se sucedió este episodio de la historia de Jaén, pedrada tras pedrada, hasta que un día comenzó a difundirse una curiosa historia.
     Se comentaba por todos los rincones de Jaén, que aquel o aquella que se atrevieran a tirarle piedras a la mona de la Catedral recibirían severos castigos. 
  Parece ser que esta acción traía como consecuencia inmediata terribles maleficios, que desencadenaban una sucesión de desgracias que acabarían primero con la felicidad de la familia de aquel que apedreó a la mona, y después incluso con la salud de todos y cada uno de sus parientes más cercanos, hasta llevárselos a la tumba.
     Cundió tanto esta historia entre las ingenuas gentes de Jaén, que al parecer no hace tanto, incluso nuestros bisabuelos y tatarabuelos, agachaban la cabeza al pasar frente a la mona, pues ni mirarla querían, temerosos de que alguna desgracia cayera sobre sus inocentes cabezas. Quizá ellos mismos habían sido los niños que se hincharon a pedradas con la mona.
     Ahí sigue el moro sentado, mirando al frente, con su turbante desafiante, ajeno al pasar de los años, viendo como circulan frente a él una generación tras otra de giennenses que lejos de considerarlo humano le consideran macaco. Es indudablemente el personaje más simpático en las fachadas de la catedral.

            Cándido T. Lorite


viernes, 2 de enero de 2015

LEYENDAS DE JAÉN. 2

La Cruz del Pósito
            Cuenta esta antigua y desconocida historia, un triste acontecimiento de amor entre un apuesto galán y una hermosa dama de la ciudad de Jaén. Dicen que llegó a Jaén un capitán, posiblemente de los Tercios de Flandes, galante, uniformado, de mirada penetrante, rostro curtido y de valerosos carácter.
           
Cruz del Pósito. Jaén
Se comentaba que el valiente capitán era un galán apuesto y muy rico. Tan grande era su fortuna personal que contar lo que tenía causaba un increíble asombro en aquel que lo escuchara. Se hablaba de él en toda la ciudad. Las doncellas casaderas de Jaén, clavaban en él sus ojos y lo observaban con esmerado interés cuando salía a pasear por la villa.
            A pesar de tener a tantas hermosas damas a sus pies, el galán se enamoró intensamente de una noven llamada Dª Beatriz de Uceda. Tenía esta doncella una belleza extraordinaria, un contorno perfecto y una discreción propia de las señoras de su clase. Era ejemplo de virtudes: noble, sincera, prudente, dulce y cándida.
            El apuesto galán, cuyo nombre D. Diego de Osorio, quedó tan prendado de ella que ocupaba Doña Beatriz todos sus pensamientos. Constantes fueron sus regalos y atenciones hacia la joven. Siempre solícito a lo que ella deseara, siguiendo sus pasos allá donde fuera y propiciando decenas de encuentros para impresionar a la hermosa dama. Sin embargo, Doña Beatriz tenía el corazón para otro caballero.
            Aún así, por las circunstancias  que fueran, casó finalmente Beatri de Uceda con el capitán D. Diego de Osorio, dejando en el recuerdo a aquel hombre que tan intensamente amó. La boda se celebró por todo lo alto, que si rico era el novio no menos lo era la novia. Dicen que disfrutaban de días alegres, donde todo fue tranquilidad y sosiego. Doña Beatriz intentó ser feliz en su matrimonio, entregándose en cuerpo y alma a Don Diego, pero con una gran tristeza en su corazón, ya que no olvidaba al hombre que fuera en su juventud motivo de sus más apasionados deseos.
            Poco tiempo habría de pasar, para tener Beatriz que volver a dar muestras de su bondad y dulzura inmensas e innatas. Soportó abnegada a su esposo, que si en otro tiempo fue galante y educado en extremo, se transformó el caballero en hombre de malos caminos, juntando en sus espectaculares juergas la noche con el día, enviciándose en el juego y en los más infames placeres terrenales.
            Conforme pasaba el tiempo más se endeudaba Don diego de Osorio, perdiendo su dinero en los más fracasados juegos, viéndose inmerso en encrespadas riñas…Una batería de tormentos para su sufrida esposa, la triste Beatriz, que ahogaba sus penas y sus sentimientos hacia la actitud de su marido, soportando a duras penas tan desdichada y fracasada vida matrimonial.
            Y al final, el desenlace a tan desesperante situación llegó. Hasta la última moneda gastó el capitán Osorio. Nadie quedaba en la ciudad que le diera prestado y obligado estaba a pagar las pérdidas acumuladas en sus desafortunados juegos. Viéndose desesperado y necesitado de dinero en medio de uno de sus juegos, ordenó a un sirviente que fuera hasta su casa, y que Doña Beatriz le entregara de inmediato la alhaja que él le regaló en señal de matrimonio. Rápido fue el escudero a trasladar a Doña Beatriz tan desagradable e inconcebible recado.
            Escuchó Doña Beatriz con cara de asombro el relato del criado, agachó su lloroso rostro y llena de coraje mandó de nuevo al sirviente con un recado para su señor. Si quería su esposo, D. Diego de Osorio, esa alhaja q que con tanto celo guardaba, que se la pidiera a ella en persona, sin intermediarios, que ella misma, con sus propias manos se la entregaría. Volvió el escudero, apenado por su señora, a trasladar el mensaje al capitán Diego de Osorio, comunicándole a éste lo que de Doña Beatriz escuchó.
            Duras burlas levantó el mensaje de su esposa en la concurrida sala de juego. Avergonzado y furioso de que Beatriz no cumpliera la petición que él le hizo, acostumbrado hasta entonces a una impecable sumisión de su esposa, se dirigió hacia el punto establecido por Doña Beatriz para encontrarse, la Plaza del Pósito. Allí la vio al instante, al pie de la cruz que se alza en medio del lugar, se acercó, extendió ella su mano y le entregó la alhaja, disimulando su llanto, como quien entrega su más valioso tesoro.
            Él le arrebató la joya con un insolente tirón, y una vez la tuvo en su poder, visiblemente enfurecido, clavó en Doña Beatriz una daga que acabó de inmediato con la sufrida vida de la dama. Después de tan cruel acto, volvió a la mesa donde pensaba jugarse la alhaja de Doña Beatriz. Estando allí, fue cuando recibió un mensaje del hidalgo Don Lope de Haro, que había presenciado el asesinato de Doña Beatriz, y retó a Don Diego Osorio a encontrarse con él en el mismo lugar donde asesinó a su esposa, la Cruz del Pósito.
            Había seguido ese día Don Lope de Haro a Doña Beatriz. La vio salir de su casa con el rostro cargado de dolor, la siguió preocupado hasta la Plaza del Pósito, y presenció el cruel acto de Don Diego Osorio. Fue Don Lope de Haro el amor de juventud de doña Beatriz, al que ella renunció por casar con el Capitán Don Diego de Osorio, y él también había seguido amándola desde lejos y sufriendo por los desgraciados actos del que era su esposo.
Cruz del Pósito de Jaén
            Ambos caballeros se encontraron en el lugar del asesinato, empuñaron sus espadas, lucharon con gallardía largo rato, hasta que por fin, el noble Lope de Haro clavó su espada hasta la empuñadura en el cuerpo del desgraciado capitán Osorio, en pago por el cruel y deplorable acto que había cometido. Con visible dolor por todo lo ocurrido, Lope de Haro pronunció las palabras “Pater Noster”, en el momento en que con su mano apagó la vida del capitán Osorio.
            Cuenta la leyenda, que desde entonces, el afligido fantasma de don Lope de Haro, todos los aniversarios de este trágico día, vuelve hasta la Cruz del Pósito a rezar un Pater Noster.

Cándido T. Lorite