Nuestro
Padre Jesús Nazareno
Es la imagen de Nuestro Padre Jesús
Nazareno, actualmente ubicado en su primitivo Camarín, una de las más veneradas
de la ciudad, sino la que más. Larguísimas son las filas de miles de nazarenos,
que en la madrugada del Viernes Santo, siguen a Jesús, en el camino hacia el
Calvario.
Hermosas estampas de la Semana Santa
andaluza y giennense son las de esta procesión, que tiene como uno de los más
bellos momentos la salida de Jesús, instante en que todas las luces de la calle
carrera de Jesús y casa adyacentes quedan en completa oscuridad, para que una
luz ilumine sólo y exclusivamente su hermosa cara, la del El Abuelo iluminada
en una de las estampas mas esplendorosas de su largo itinerario.
Si bien de esta imagen se desconoce
su autor, creen los expertos en la materia que es obra del escultor Sebastián
de Solís, por las similitudes que tiene la cabeza de Jesús con la del calvario
de San Juan, además de la coincidencia de fechas, ya que la talla de El Abuelo
es de finales del siglo XVI o principios del S.XVII, fecha que coincide con la
época de Sebastián de Solís.
Nos cuenta sin embargo una leyenda,
que podemos colocar entre las más conocidas de la ciudad, que hace muchos,
muchos años, un hombre anciano, cansado de un largo viaje, derrengados lo pies
de tanto caminar, se acercó hasta una blanca casería, cercana a esta ciudad,
conocida como Casería de Jesús, y encontró en la puerta de la misma a un
labrador, al que pidió asilo para descansar esa noche del largo viaje que
estaba realizando.
Lo acogió generoso el labrador, que
ofreció al anciano viajero todo aquello que a su alcance tenía. El caminante al
acercarse a la entrada de la casería, fijó su vista en un leño de grandes
dimensiones. Comentó al hombre de la casería que él. Con ese madero, sería
capaz de hacer una hermosa talla de Jesús en un solo día. Solo necesitaba para
realizar la escultura una habitación solitaria de la casa y que le dejaran
trabajar tranquilamente.
El labrador, ilusionado por la idea,
rápidamente le ofreció el tronco para que hiciera con él lo que decía. Le
agradó al buen hombre la posibilidad de convertir en talla un madero que no
lera de utilidad. Le aseguró además, que de ser cierto lo que decía, sabría agradecer
el trabajo. Dispuso entonces el labrador que se trasladase el enorme tronco a
una cámara pequeña y angosta de la casería, donde con el leño quedó encerrado
el anciano viajero.
Allí pasó el abuelo toda la noche.
Ni un solo ruido perturbó la tranquilidad de los campos cubiertos por la
oscuridad. Pasó también toda la mañana siguiente, in que el más mínimo sonido
procedente de aquella habitación saliera. Preocupados el labrador y su
familia por el tiempo pasado sin acusar
ruido alguno, y temerosos de que algo le hubiese ocurrido al anciano viajero,
decidieron subir a averiguar la causa del sospechoso silencio.
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| Autor: Félix Díaz Cruz |
Cándido
T. Lorite.


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